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Datos: ¿Cuan importantes pueden ser?
Por Carlos Gustavo Machicado*, La Paz, 16 Abril 2007.

En estos meses del año (marzo y abril) es práctica común en la mayoría de los países, la presentación de estadísticas, informes y evaluaciones de la economía del año precedente. La información estadística es principalmente procesada por las instituciones nacionales dedicadas a este trabajo (Institutos, Oficinas, Centros, etc.), a las cuales se suman los Bancos Centrales y en algunos países las Universidades.

Los datos son lo que son y es lo que hay. El problema surge al momento de interpretarlos, lo cual en muchos casos puede ser subjetivo y sesgado dependiendo del enfoque que se tenga y hasta de la institución que realice estas interpretaciones. Para nadie debe ser sorpresa que los datos que presenta el gobierno de cualquier país tendrán siempre una tendencia a mostrar las cosas buenas y no tanto las malas de su gestión; por citar un ejemplo.

Los datos son usados por los cientistas de todas las profesiones. Unos los usan más que otros, entre los cuales se destacan los economistas. Precisamente, algo que caracteriza a los economistas (o al menos debería ser así) es, o debería ser, la rigurosidad en el manejo de los mismos.

Un poco inspirado en la presentación del Informe de Milenio sobre la Economía en el 2006 (http://www.fundacion-milenio.org/publicaciones/informe_economico/fmilenio-inf.eco.22.pdf), quiero hacer tres reflexiones que me parecen importantes al momento de interpretar los datos de la economía Boliviana y cualquier otra economía.

1) El primer dato que se presenta es el del crecimiento del PIB, que para Bolivia el 2006 fue de 4.5%, un valor considerablemente bueno si lo comparamos con los datos de crecimiento de los años anteriores. Sin embargo me pregunto: ¿Por qué a los alumnos de Macroeconomía les enseñamos que este indicador no es tan importante para medir crecimiento? El indicador correcto es el PIB per cápita, el cual rara vez se lo presenta. Probablemente nos llevaríamos alguna sorpresa al analizar este indicador, como la que nos llevamos al ver el crecimiento medio anual del PIB per cápita en Bolivia durante el período 1950-2000, el cual nos da un valor de 0.0% (1).

2) El segundo punto tiene que ver con las estadísticas de inversión. Se habla de una tasa de inversión del 12% igual a la que se presento el año 1990. ¿De que tasa de inversión se esta hablando? Hay una diferencia entre la tasa de inversión medida a precios corrientes y a precios constantes (medida con respecto a un año base). Parecería que lo correcto es medir la inversión a precios constantes, pues así estamos separando el componente real del nominal y el indicador refleja cuanto ha crecido la infraestructura y la disponibilidad de maquinarias y equipos. Pero si queremos efectivamente medir el esfuerzo de inversión —como porción del ingreso— de la economía para aumentar su potencial de crecimiento futuro, la alternativa de precios constantes puede inducirnos a error. De hecho el FMI utiliza el indicador a precios corrientes para comparar el esfuerzo de inversión entre países.

3) Finalmente, me preocupa cuando se habla de la política fiscal. El indicador típicamente utilizado es el déficit fiscal, que en el caso de Bolivia, el año 2006 se tuvo un superávit fiscal de 5.1% del PIB. Otros indicadores son el superávit corriente que fue de 14.13% y el superávit sin pensiones que fue de 8.95%. La pregunta es: ¿Realmente estamos midiendo con este indicador el esfuerzo fiscal? Como bien se señala en Bolivia After Office (http://boliviafteroffice.wordpress.com/2007/01/28/hello-world/), este indicador no es el adecuado, pues no nos permite evaluar si este resultado es producto de un cambio en la política fiscal del gobierno o simplemente fruto del ciclo económico. Lo correcto es utilizar el nivel del Balance Estructural, que no es otra cosa que la diferencia entre los ingresos y gastos del gobierno que se alcanzaría si el PIB estuviera en su nivel de tendencia o potencial. La gente de Milenio habla de una paradoja fiscal en el sentido que a pesar de haber tenido un superávit, la deuda interna ha ido aumentando. Una explicación para esto radica en que ha habido una reestructuración de la deuda por parte del Tesoro, el cual ha pagado la deuda que tenía con el Banco Central, contratando más deuda con la AFP’s a más largo plazo. ¿Por qué necesitaba hacer esto el tesoro, si aparentemente ha tenido un importante superávit? En realidad el superávit ha sido importante para las regiones (prefecturas y municipios), el tesoro ha tenido más bien un equilibrio y este equilibrio se hubiera visto claramente reflejado si se hubiera utilizado el Balance Estructural.

Aunque esta cuestión puede parecer meramente estadística y hasta entretenida para los economistas que tanto nos gusta discutir, a la hora de orientar las decisiones de políticas públicas, cobra demasiada importancia, sobre todo si está en juego el como se pueden alcanzar mayores tasas de crecimiento.

(*) Investigador del Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo, La Paz, Bolivia. El autor felizmente recibe comentarios a: cmachicado@inesad.edu.bo .
(1)
Penn World Tables, PIB a precios internacionales en US$ de 1996.

Ó Institute for Advanced Development Studies 2007. The opinions expressed in this newsletter are those of the author and do not necessarily coincide with those of the Institute.
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