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¡Por favor, no cambiar el Sistema de Pensiones en Bolivia!
Por Luis Carlos Jemio*,
La Paz,
7
Mayo
2007.
La
Reforma de Pensiones en Bolivia sustituyó el antiguo sistema de
reparto simple (“pay as you go”), por un sistema de
capitalización individual, administrado privadamente. El
objetivo fundamental y prioritario de la Reforma fue el de
mejorar el funcionamiento del seguro obligatorio de largo plazo
en el país, de tal forma que los afiliados pudieran beneficiarse
de un sistema que les proporcionara un seguro de vejez adecuado,
permitiéndoles vivir en forma digna una vez alcanzada la edad de
jubilación.
Con este propósito, la Reforma fue ejecutada dirigida a resolver
los muchos problemas que presentaba el antiguo sistema de
reparto simple, referidos a transición demográfica, baja
relación de contribuyentes sobre beneficiarios, insuficientes
años y montos de contribución, baja cobertura, un nivel de
reservas insuficiente y altos costos de administración.
Como toda reforma que sustituye a un sistema de reparto simple
por uno de capitalización individual, la Reforma en Bolivia
implicó dos cambios conceptuales fundamentales en el
funcionamiento del sistema de pensiones: i) fortaleció el
vínculo entre las contribuciones y los beneficios y ii) hizo
explícita la deuda implícita del sistema de reparto.
i)
En el sistema de reparto, no existe un vínculo muy estrecho
entre los aportes y los beneficios de jubilación, por lo que los
aportes son percibidos por los afiliados como el pago de un
impuesto. Los sistemas de reparto funcionan como sistemas de
beneficio definido, en la que los beneficiarios perciben una
renta de jubilación determinada, que no necesariamente está
calculada en función de los aportes realizados por la persona.
Esta característica impositiva introduce distorsiones al
funcionamiento del mercado laboral, incentivando la informalidad
y la evasión. Los sistemas de capitalización individual
funcionan como sistemas de contribución definida, ya que los
beneficios están calculados en función de los aportes y de la
rentabilidad de los fondos individuales, por lo que los aportes
son percibidos como un ahorro a largo plazo.
ii)
En el sistema de reparto, las contribuciones son utilizadas para
pagar las rentas de los jubilados, por lo que no existe una
acumulación explícita de deuda por parte del sistema. Sin
embargo, esto no significa que la deuda no se esté
incrementando, sino que este incremento no está siendo
registrado en forma explícita. Es decir, el sistema acumula una
deuda implícita. En el sistema de capitalización individual
existe una contabilidad precisa de los aportes y de la
rentabilidad de las cuentas individuales, por lo que en todo
momento se cuenta con un registro explícito de la deuda del
sistema con cada uno de los afiliados.
Otro de los factores que fue determinante para realizar la
Reforma en Bolivia fue el constatar que, de no ejecutarse la
misma, el sistema de reparto era inviable desde el punto
financiero, y que el déficit del sistema tendería a
incrementarse en forma irreversible y creciente. De esta forma,
la ejecución de la reforma representaría un ahorro fiscal en el
largo plazo. Sin embargo, los costos reales de la reforma de
pensiones fueron mucho mayores a lo que inicialmente se había
programado, debido a una actitud permisiva en el proceso de
supresión del sistema antiguo, la concesión de importantes
aumentos en los beneficios ante presiones políticas y sociales.
Existen básicamente dos formas alternativas de financiar los
mayores costos iníciales de la transición de un sistema al otro,
y que ha sido utilizada en la mayoría de los países que han
realizado una reforma previsional: i) la emisión de nueva deuda
pública, que sería una forma de hacer explícita la deuda
implícita del sistema anterior; y ii) el ajuste fiscal, que
representaría mayores impuestos o menor gasto público. En
Bolivia, durante los diez años de reforma de pensiones, se ha
utilizado una combinación de ambas. En un principio la tendencia
fue utilizar un mayor nivel de endeudamiento, y en menor medida
el ajuste fiscal. Sin embargo, en los últimos años, el
incremento en los ingresos fiscales debido a las recaudaciones
del impuesto directo a los hidrocarburos (IDH), permitieron
cerrar la brecha fiscal, y de esta forma el costo de pensiones
se pudo financiar mediante ajuste, por lo que no se recurrió a
endeudamiento.
Existen propuestas para modificar el sistema de pensiones y
retornar al sistema de reparto, por lo que los problemas
intrínsecos de este sistema, que habían sido superados con el
sistema de capitalización individual, volverían a presentarse,
como la transición demográfica y la falta de reservas. El mayor
riesgo lo constituye el hecho que el sistema de reparto acumula
una deuda implícita a través del tiempo, y no se tiene una idea
clara de la misma, hasta que ésta alcanza una magnitud
considerable, y se hace muy difícil financiarla. Existen otros
costos intangibles, pero no por ello dejan de tener un impacto
negativo sobre el sistema de pensiones y sobre la economía en su
conjunto, como el costo de reputación y credibilidad que
conlleva todo cambio en las reglas del juego y en los
compromisos que asumió el Estado boliviano.
(*) Investigador del Instituto de
Estudios Avanzados en Desarrollo, La Paz, Bolivia. El autor
felizmente recibe comentarios a:
lcjemio@grupointegral.bo.
Ó
Institute for Advanced Development Studies 2007.
The opinions expressed in this newsletter are those of the
author and do not necessarily coincide with those of the Institute.
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