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El
Choqueyapu, un emblema de nuestra ciudad
Por Pablo
Tevere*, La Paz, 8 octubre 2007.
En
todo latinoamérica, los recursos comunes parecen ser sinónimos
de oportunidades para el saqueo. Todos quieren usufructuar de
ese bien sin interesar que otros queden perjudicados. Esto
deriva en injusticias, que el Gobierno y los ciudadanos debemos
intentar corregir.
Encarar la mejora ambiental del río Choqueyapu y de sus
márgenes, es un desafío que debemos encarar y que nos puede
ayudar a crecer como sociedad civilizada.
Los medios técnicos para conseguirlo son variados y no soy
especialista como para determinar cuál es mejor o peor. Sin
embargo, como ciudadano paceño y conocedor del río, creo que un
tema importantísimo, además de leyes, reglamentaciones y planes
concretos, es la concientización de la población.
Este proceso de persuasión moral es complejo y lento, pero a la
larga muy efectivo. Por ello he decidido hacer un recorrido por
el río, haciendo uso de los conocimientos adquiridos durante
estos años de trabajo en la parte inferior del río, en la zona
de Río Abajo y de algunos datos obtenidos de Internet.
Nacimiento de un río
En
sus nacientes, es un arroyo cristalino, producto del deshielo de
las montañas. En esta primera etapa la contaminación que recibe
es leve, causada por algunos desechos y basuras menores.
Contaminación
Una vez en la ciudad, se une a varios ríos importantes y gana en
caudal. También gana en contaminación ya que recibe en esos
pocos kilómetros de recorrido más de 500.000 litros de orina,
200 toneladas diarias de excretas, 42.000 litros de materia
orgánica y 7.000 litros de nutrientes (fósforo, nitrógeno y
otros) según la Liga de Defensa del Medioambiente (Lidema)
(1). A esto se deben sumar los desechos hospitalarios (cinco
a seis toneladas mensuales) y los industriales.
Este abuso indiscriminado de sus aguas produce el característico
mal olor que se siente en sus márgenes a lo largo de su
recorrido por la ciudad.
Uso agrícola y humano de sus aguas
Al
seguir su curso sus aguas son utilizadas para lavar ropa por las
lavanderas que trabajan a la altura del barrio Amor de Dios, en
la zona Sur. Estas señoras recolectan agua en pozos situados al
borde del río y dicen que seleccionan agua buena para que no se
ensucie la ropa.
El
río sigue corriendo y a medida que se aleja de la ciudad, sus
aguas se purifican levemente. A la altura del puente de Lipari
los campesinos riegan sus cultivos con esta agua, que es la
única a la que tienen acceso. Estos productos hortícolas, como
sabemos, son los que luego se comercializan en los mercados
populares
(2) (Rodríguez, Miraflores, etc.). En conversaciones con
estos campesinos, ellos explicaron que algunos días el agua
suele venir con un color y olor muy fuerte, debido a los
desechos industriales de empresas que trabajan el cuero. Ellos
suelen estar atentos y cuando las aguas vienen en ese estado,
cierran sus canales y no la utilizan.
A
la altura del Palomar los comunarios hacen abrevar su ganado en
las aguas del río lo que genera enfermedades y parásitos para
estos animales, pero ellos explican que es inevitable que beban
sus animales de esta agua porque el ganado pasta en las márgenes
del río, donde están los principales pastizales.
Seguimos el recorrido y a la altura de Mecapaca, capital del
Municipio, hay campesinos
(3) que reconocen beber cada tanto de las aguas del río
Choqueyapu cuando tienen mucho calor y no disponen de agua
potable cerca. Explican que para beber, separan en un recodo del
río agua que tenga un mejor aspecto –màs clara y con poco olor-
y beben algunos tragos, nunca en gran cantidad. Aparentemente no
han tenido problemas graves relacionados con esa costumbre,
aunque llevan un pobre registro de sus enfermedades, debido a la
escasa asistencia sanitaria con la que cuentan
(4).
Conclusión
El
sentido de este breve recorrido por el río, es mostrar cómo la
contaminación afecta a todos los habitantes de La Paz, y no sólo
por los malos olores que despide el río.
La
contaminación del Choqueayapu afecta a los alimentos –hortalizas
y carnes- que consumimos diariamente y expone a enfermedades a
la gente más pobre, los campesinos que viven en sus márgenes, y
especialmente a los niños.
Si
las personas, a través de buenas campañas en los medios de
comunicación masivos, toman conciencia de estos perjuicios,
estarán más proclives a sacrificarse de algún modo para
disminuir esta contaminación de modo gradual.
(*) Estudiante de Maestría en Proyectos
para el Desarrollo de la Universidad Andina Simón Bolívar.
Comentarios bienvenidos a
newsletter@inesad.edu.bo.
(1) Fuente:
www.aguabolivia.org/hemeroteca.
(2) Fuente: Entrevista personal del
autor con Filomena Pajsi, Berta Mamani y otras mujeres de Lipari
que comercializan productos en el mercado Rodríguez,
principalmente.
(3) Fuente: Alfredo Pajsi Mamani,
Municipio de Mecapaca. En entrevista personal con el autor.
(4) Sin embargo, ellos mismos comentan
que hace unos años, cuando hubo una epidemia de cólera, ellos
escondían los cadáveres, para que la gente de la ciudad no se
asustara y siguiera comprando sus productos hortícolas en los
mercados.
Ó
Institute for Advanced Development Studies 2007.
The opinions expressed in this newsletter are those of the
author and do not necessarily coincide with those of the Institute.
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