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Turbulencia Económica
By
Carlos Gustavo Machicado*, La Paz, 4 February 2008.
Hace años que la economía de los Estados Unidos asombraba por la
robustez de su crecimiento, resistiendo la subida de los precios
del petróleo y el histórico déficit en cuenta corriente. Sin
embargo, esta fortaleza parece haber llegado a su fin de la mano
de una fuerte subida de las tasas de morosidad del crédito
hipotecario subprime.
La
crisis subprime, como se la ha denominado, se origina en los
problemas de pago de créditos hipotecarios entregados a personas
de alto riesgo. Por tratarse de
créditos
con mayor riesgo, el interés asociado es más
elevado que en los préstamos personales y las comisiones de los
bancos y entidades financieras son considerablemente mayores.
Por
otro lado, como el mercado financiero norteamericano es
altamente sofisticado y la deuda hipotecaria puede ser objeto de
venta y transacción mediante compra de bonos o títulos de
crédito, estas hipotecas
subprime
podían ser retiradas del pasivo del balance de
la sociedad concesionaria transferidas a fondos de inversión o
planes de pensiones.
El
problema surgió cuando las entidades financieras
desconocieron realmente el riesgo asumido y
cuando se confió en que la sola
plusvalía
de la propiedad era garantía del pago de los compromisos
adquiridos.
La
crisis hipotecaria de este año se desató cuando los
inversionistas lograron identificar señales de alarma: el
alza progresiva de la tasa de interés impuesta
por la Reserva Federal y el consiguiente
aumento de
las cuotas de estos créditos hicieron aumentar
la tasa de morosidad y el nivel de
ejecuciones.
A
fin de paliar la crisis, la Reserva Federal, recortó las tasas
de interés de 4.25% a 3.5% primeramente y luego a 3%, siendo el
nivel más bajo desde 2005. El objetivo de esta medida es
claramente inyectar una mayor liquidez al mercado a fin de
estrechar los diferenciales de los activos de referencia y
permitir emisiones de obligaciones respaldadas con activos. Todo
esto con el objeto, claro esta, de estimular la economía.
¿Cómo afecta esto a Bolivia?
Existen tres canales por los cuales, la crisis subprime podría
afectar la economía Boliviana: el de los precios de intercambio,
el valor de las exportaciones y el mercado financiero, siendo
este último talvez el menos importante.
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Bolivia exporta el 11% del total de sus exportaciones a EEUU. En
tiempos de recesión, ese valor se reduciría generando un efecto
directo e indirecto sobre los precios. Uno podría pensar que
este problema se podría corregir o aminorar incrementando las
exportaciones hacia otros países, sin embargo, el efecto de la
crisis estadounidense impactará en otras economías, que también
destinan gran número de exportaciones a ese país. Así se
produciría una reacción en cadena que, entre otras
consecuencias, reduciría el requerimiento de exportaciones
bolivianas hacia esos países.
Ciertamente la diversificación exportadora actuaría como un
seguro ante el incierto panorama mundial, pero este no es el
caso de Bolivia. En la medida que el Brasil, uno de los pocos y
principales mercados de exportación, se vea afectado, esto
podría reducir las exportaciones de gas o el valor de las
mismas, con la consecuente caída del valor de nuestras
exportaciones y por ende del valor de nuestro PIB.
Asimismo, tomando en cuenta que la Renta Dignidad va a ser
financiada con recursos provenientes de la venta de gas, es
probable que los mismos se vean disminuidos con la consecuente
presión sobre otras fuentes de financiamiento y un efecto
adverso sobre el presupuesto fiscal.
Actualmente, las pérdidas reconocidas por el aumento de la
morosidad del crédito subprime se sitúan alrededor de los 70 mil
millones de dólares. Sin embargo, el verdadero temor reside en
el impacto que estas pérdidas pueden tener sobre el
funcionamiento de los mercados financieros y la capacidad
crediticia de los bancos: es el temor a un credit crunch, una
contracción de la oferta de crédito que podría afectar la
inversión empresarial y el consumo de los hogares en EEUU. Si
consideramos que gran parte de las exportaciones de China y un
importante volumen de servicios en EEUU son provistos por la
India, claramente estos países se verían afectados con la
consecuente caída también en sus importaciones. China al ser un
gran comprador de minerales, reduciría su demanda haciendo que
el precio de los mismos disminuya. Esto significaría que el
valor y el volumen de las exportaciones mineras también caería
lo que afectaría adversamente a nuestro PIB.
Son
pocas las empresas Bolivianas que exportan a EEUU y además
cotizan en Bolsa. Por ende la caída en las utilidades de las
mismas como consecuencia de la caída en los términos de
intercambio no sería significativa. De hecho, se puede afirmar
que los efectos vía mercado financiero serían prácticamente
nulos.
¿Y
en cuánto tiempo se verá este efecto?
El
alcance de la crisis no es inmediato sino tardío, pues mientras
Estados Unidos atraviesa una mala racha, en nuestro país la
situación es aparentemente buena, pero lo más probable es que en
los próximos meses se empiecen a sentir estos efectos. Una
primera señal sería la caída en las remesas que envían los
Bolivianos en el extranjero con la consecuente caída en la
Demanda Interna. Esto podría tener efectos beneficiosos en
términos de la inflación, pues esta se reduciría.
Por
otro lado el diferencial de tasas de interés entre Bolivia y
EEUU podría incentivar el ingreso de dólares a la economía con
la consecuente apreciación del tipo de cambio. De hecho la
continua perdida de valor del dólar sigue generando presiones
hacia una mayor depreciación de dicha moneda, por lo que el
Boliviano se seguirá apreciando en los próximos meses.
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(*) Researcher at the Institute for
Advanced Development Studies, La Paz, Bolivia. The author
happily receives comments at the following e-mail:
cmachicado@inesad.edu.bo .
Ó
Institute for Advanced Development Studies 2006.
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