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Empleadas domésticas:
Migración
y condiciones de trabajo
Por Addy Suxo Uría*,
La Paz,
29Junio
2008.
Actualmente las prácticas de Responsabilidad Social se
encuentran bastante valoradas en el mundo entero y su adopción a
nivel empresarial es altamente aconsejada. Uno de los
requerimientos relacionados al tema laboral se enfoca en que los
empleados de una empresa no puedan ser obligados a trabajar más
de 48 horas semanales, teniendo por lo menos un día libre por
semana.
A pesar de esta fuerte tendencia en el sector
empresarial, en los hogares de Bolivia todavía se considera a
las empleadas “cama adentro” propiedad intrínseca de la familia
para la cual trabajan; las empleadas domésticas que habitan la
misma casa de sus empleadores no tienen un horario de trabajo
fijo, en muchos casos los días de descanso no se encuentran
determinados y estos aspectos no son concertados entre empleadas
y empleadores antes de iniciar la relación laboral; esta
situación, de por sí inestable y potencialmente abusiva, se
agudiza aún más en el caso de las empleadas que migran del campo
a la ciudad en busca de trabajo, como se verá más adelante.
En relación a este tema, en Maher y Staab (2005), las
autoras analizan la migración de mujeres peruanas a Chile para
trabajar como empleadas domésticas, al haberse incrementado la
demanda por sus servicios entre empleadoras insertas cada vez
más en el mercado laboral profesional, que se encuentran
hastiadas de tener que concertar salario y horarios de trabajo
con empleadas chilenas que defienden sus derechos y que exigen
obligaciones predefinidas y horarios estrictos a cumplirse, ante
un marco legal recientemente fortalecido que las ampara.
Según Maher y Staab, el trabajo doméstico, anteriormente
proporcionado por mujeres jóvenes chilenas provenientes de zonas
rurales, ha sido gradualmente reemplazado por el provisto por
inmigrantes peruanas, no porque las mismas exijan menores
salarios, sino porque las empleadoras chilenas sienten
preferencia hacia la actitud de las peruanas, ya que éstas, al
carecer de otras opciones laborales y de redes de apoyo que las
alienten a hacer respetar sus derechos, son menos proclives a
resistirse a una relación ‘patrón-sirviente’ tradicional, siendo
más sumisas y serviciales y aceptando en su mayoría trabajar más
de diez horas promedio por día, contando solamente con un día a
día medio de descanso a la semana.
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En
Bolivia podemos encontrar un paralelo entre las conclusiones de
Maher y Staab y la situación de las mujeres que migraron hacia
las ciudades en las últimas dos décadas para trabajar como
empleadas domésticas. Estas mujeres trabajan un promedio de 11.5
horas al día, dos horas más que el resto de las empleadas, según
las Encuestas de Hogares realizadas por el INE, correspondientes
al periodo 1989 – 2005, como se observa en el gráfico siguiente:

A pesar de haber pasado ya un quinquenio desde la
promulgación de
la
Ley 2450, Ley de Regulación del Trabajo Asalariado del Hogar,
que otorga derechos irrenunciables a las empleadas
domésticas bolivianas, estableciendo una jornada de diez horas
de trabajo efectivo para las empleadas que habitan en el hogar
donde prestan sus servicios y de ocho horas diarias para las
empleadas que no habitan en el mismo lugar que sus empleadores,
podemos observar que todavía existe un 23% de las empleadas del
hogar que trabaja más de diez horas al día, porcentaje que
aumenta a 37.5% en el caso de las mujeres que migran a la
ciudad
(2).
El 73% del total de empleadas domésticas encuestadas
trabaja seis días o más a la semana. Las empleadas que trabajan
los siete días de la semana alcanzan el 18.25% del total
encuestado. Para las mujeres que migran a la ciudad la situación
se agrava, llegando a ser el 43.75% las que trabajan los sietes
días de la semana.
En lo que concierne al trabajo infantil, se observa
que el 8% de las empleadas domésticas son menores de 15 años,
porcentaje que se incrementa a 25% en el caso de las empleadas
domésticas inmigrantes. En general, las empleadas domésticas que
trabajan en la ciudad luego de emigrar desde el campo, presentan
una edad promedio menor al resto, como se observa a
continuación:

En relación al salario percibido, analizando una vez
más los datos al 2005, se observa que las mujeres que migraron a
la ciudad ganan como empleadas domésticas un salario promedio
34% menor al resto de trabajadoras del hogar.
En conclusión, las niñas y mujeres que migran a la
ciudad para trabajar como empleadas domésticas enfrentan
condiciones de trabajo más desfavorables que el resto, al
trabajar en promedio más horas diarias y un mayor número de días
a la semana, percibiendo un salario menor.
Además, cabe señalar que el grupo entero de empleadas
domésticas enfrenta duras condiciones de trabajo, a pesar de
contar con un marco legal que protege sus derechos, lo cual
debería llevarnos a la reflexión de ponderar en mayor grado la
necesidad de un cambio de paradigmas fuertemente enraizados en
nuestra cultura como es la relación ‘patrón-sirviente’, más que
la promulgación de una Ley que claramente no se respeta.
(*)
Investigadora, Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo, La
Paz, Bolivia. La autora felizmente recibe comentarios a:
asuxo@inesad.edu.bo.
(1)
Maher y Staab (2005): “Nanny politics”. International Feminist
Journal of Politics, Vol. 7, N° 1.
(2)
Según
la Encuesta
de Hogares 2005 del INE.
Ó
Institute for Advanced
Development Studies
2008.
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