Actualmente se está negociando
un mecanismo internacional de pagos por servicios ambientales
que tiene como objetivo la Reducción de las Emisiones por
Deforestación y Degradación de bosque (REDD). La idea central es
muy simple: Los países ricos pagan a los países pobres por
reducir sus niveles de deforestación (en comparación con un
escenario de referencia sin actividades REDD).
En este tema Bolivia tiene gran potencial, ya que actualmente
estamos deforestando más de 300.000 hectáreas de bosque
anualmente, de los cuales la mayor parte es deforestación ilegal
que brinda pocos beneficios al país.
La tasa de deforestación per cápita en Bolivia (»
320 m2/persona/año) es 20 veces más alta que el
promedio mundial (»
16 m2/persona/año) y una de las más altas del mundo,
pasando los niveles de otros grandes países deforestadores como
Brasil (»
137 m2/persona/año), Indonesia (»
63 m2/persona/año), Malasia (»109
m2/persona/año) y China (»
14 m2/persona/año). (1)
Gráfico No. 1: El avance de
la frontera agrícola en Santa Cruz

Imagen satelital Landsat de
Santa Cruz, 1984

Imagen satelital Landsat del
mismo área el año 2000
Por tener enormes
extensiones de bosque con altos niveles de biodiversidad, y por
eliminarlos muy rápidamente, Bolivia ha sido elegida como país
piloto para prepararse para el mecanismo
REDD con fondos del Banco Mundial, Naciones Unidas y varios
miembros de la cooperación bilateral.
Se estima que la fase de preparación tardará unos 3 o 4 años.
Aparte de las tareas técnicas de construir un sistema de
monitoreo, elaborar el escenario de referencia, establecer las
instituciones y pasar las leyes y decretos requeridos, es
necesario llevar a cabo un proceso de consultas nacionales para
asegurar amplio apoyo de todos sectores sociales y de todos los
niveles del gobierno.
Durante estas consultas se tendrá que discutir las siguientes
preguntas centrales:
Para responder a la primera pregunta es útil tomar en cuenta la
experiencia de la política de desarrollo alternativa para la
erradicación de coca de los años ochenta y noventa. La primera
etapa (1986-1997) de este proceso se basó en una política de
compensación individual por cada hectárea de coca erradicada
($2500/ha), lo que resultaba en un “círculo perverso”:
erradicación – compensación individual – implantación de nuevos
cultivos de coca. Mientras la erradicación bruta durante este
periodo alcanzó 42.224 hectáreas, la erradicación neta fue
solamente de 7.100 hectáreas, lo que implica una eficiencia de
sólo el 17%. Hasta julio de 1997 el monto total por concepto de
compensación individual alcanzó la suma de $US 83,6 millones,
significando un altísimo costo de 12 mil dólares por hectárea
efectivamente erradicada.
En cambio, durante la segunda fase (1998-2001) se erradicaron
46.008 hectáreas y la erradicación neta superó el 90% del
volumen de erradicación bruta, porque se cambió el sistema de
compensación individual por otro de compensación comunitaria y
en especie (material vegetal y animal, equipo agrícola,
materiales de construcción, etcétera). Al mismo tiempo se bajó
el monto de la compensación de $2.500/ha en 1998 a $500/ha en
2001 (2).
Esta experiencia sugiere que el mecanismo REDD en Bolivia no
debería adoptar una política de compensación individual, ya que
esto sería ineficiente. Además sería injusto, ya que menos de 8%
de la población boliviana son responsables de más de 80% de la
deforestación y sería injusto pagar a este pequeño porcentaje de
población millones de dólares por no hacer nada.
Podría ser más eficiente una combinación de compensación
comunitaria, multas por deforestación ilegal e inversiones
municipales para crear oportunidades económicas más atractivas
que no involucran mucha deforestación.
Para responder a la segunda pregunta, primero se debería
discutir ¿a quién pertenecen los bosques bolivianos? ¿Es un
recurso natural que debería beneficiar a todos los bolivianos,
como el gas natural? ¿O pertenece a los individuos que viven en
el bosque y a los que han comprado concesiones forestales?
Ya que nuestro bosque natural es un regalo de la naturaleza,
exactamente como el gas natural, se puede argumentar que los
beneficios de estos bosques deberían compartirse de manera
similar a los ingresos de la explotación de los hidrocarburos.
Por otro lado, también se puede argumentar que los dueños de la
tierra boscosa tienen el derecho de hacer lo que deseen con su
extensión boscosa (dentro de las leyes existentes). Para lograr
un compromiso aceptable para todos, probablemente habrá que
crear un mecanismo que distribuya parte de las ganancias a
Fondos Verdes en todos los municipios de Bolivia y otra parte
que vaya más directamente a las comunidades forestales y parques
nacionales para crear incentivos y capacidades locales para
proteger el bosque.
Si aseguramos que todos los bolivianos se benefician de la
reducción de la deforestación, se podría lograr la presión
social necesaria para implementar políticas amigables al bosque.
Por ejemplo, si el país pierde $1000 en compensación por cada
hectárea deforestada, probablemente se podría lograr el apoyo
político necesario para aumentar la multa por deforestación
ilegal. Actualmente la multa es solamente $0.20 por hectárea, lo
que es absurdamente bajo, considerando que el valor del bosque,
con el mecanismo REDD, sería por lo menos $1000/ha
(3).
Con un
mecanismo REDD bien diseñado se puede lograr proteger y mantener
nuestro patrimonio natural al mismo tiempo que todos nos
beneficiamos de este patrimonio a través de pagos por servicios
ambientales (REDD), manejo forestal sostenible, eco-turismo,
caza, pesca, recolección de productos forestales y reducción de
desastres naturales. Esto sí sería una política win-win.
(*) Este artículo fue publicado en
Nueva
Economía el 2 de noviembre del 2009.