|
Código laboral para una minoría
Por Armando Mendez Morales*,
La Paz,
10 de abril
2010.
La tasa oficial de
desempleo urbano está en el orden del 7,5 por ciento que debe
ser calificada como la tasa natural de desempleo en Bolivia y
que corresponde a su estructura económica. Los economistas
cuando hablan de pleno empleo no dicen que no hay desempleo
alguno, lo que sostienen es que esta situación implica que el
país tiene sólo la tasa natural de desempleo.
El problema laboral en el país no es el desempleo sino la
informalidad del mercado de trabajo, su poca profundidad y su
baja productividad. Cualquier nueva ley del trabajo puede
agravar la situación en lugar de ayudar al incremento en la
creación de empleos formales y con mayor productividad, única
manera para que los trabajadores puedan mejorar su bienestar. Se
debe tomar en cuenta que la informalidad implica que el
trabajador no tiene ninguna protección.
Hoy, el nivel de empleo formal, en todas las ciudades del país,
debe estar por el orden de unas 500 mil trabajadores, si
consideramos como referencia la cantidad de personas que
regularmente aportan para su jubilación en la administradoras de
pensiones, lo que puede representar, a lo mucho, el 50 por
ciento del total de trabajadores que reciben una remuneración,
llámese sueldo o salario. Por sueldo, alguna gente, entiende la
remuneración de todo trabajador que no sea obrero y usa la
palabra salario para referirse a la retribución del trabajador
manual llamado también obrero. Esta distinción es ilustrativa
cuando se quiere saber cuánta gente en el país trabaja de obrero
y cuánta no. Los datos son interesantes, del total de la
población ocupada en las ciudades únicamente el 8 por ciento
corresponde a trabajo de obrero y el 41 por ciento son
empleados. Esto quiere decir que en el mundo laboral la clase
obrera es una minoría. Otro millón de personas trabajadoras – o
más- no reciben este emolumento porque son trabajadores por
cuenta propia o familiares no remunerados.
Sin embargo de que
existen 500 mil personas que tienen la característica de
formalidad, no todos están amparados por la actual Ley del
Trabajo. No lo están los funcionarios públicos, que en todo el
país deben sumar cerca de 75 mil personas, excluyendo al
magisterio que sí está amparado. Se puede suponer que la nueva
ley debería incorporar a estos funcionarios para que gocen de la
protección de la ley todas estas 500 mil personas, no obstante,
la otra mitad estaría fuera junto a más de otro millón de
personas, por su carácter informal.
Una nueva ley del
trabajo, que se está anunciando, con mayores beneficios sociales
para los trabajadores formales, copiando las conquistas
laborales logradas en los países desarrollados, caracterizados
por su alta productividad, denominados “Estados del Bienestar”,
puede traer las siguientes consecuencias negativas: a) aumento
del costo laboral para las empresas formales, lo que llevaría a
subir sus precios de lo que producen y, con ello, perder
competitividad con el exterior, en un caso, desaprovechando
mercados externos si su producción fuese exportada o, en otro
caso, perdiendo el mercado interno, ya que éste sería atendido
con el incremento de las importaciones, legales y no legales,
por lo cual se reduciría la producción y luego el empleo. b)
desinstitucionalizar la relación laboral entre empresarios y
trabajadores para no incrementar el costo laboral y, de esta
manera, no disminuir el empleo ni la producción, pero con la
consecuencia de incrementar la informalidad en el país, el
principal problema económico que Bolivia tiene dada su
estructura económica.
|