Uno de los
principales cuellos de botella estructurales que ha
confrontado la economía Boliviana a lo largo de su historia,
ha sido la incapacidad de crear fuentes de trabajo de
calidad, que permitan a la población mejorar sus estándares
de vida y en última instancia derrotar a la extrema pobreza.
Un 80% de la fuerza de trabajo del país está ocupada en
trabajos de baja productividad e ingresos en el sector
informal de la economía o en actividades agropecuarias de
subsistencia.
El mercado
laboral en Bolivia en los últimos 30 años ha estado
influenciado por diferentes tendencias y eventos
socio-económicos que han incidido grandemente en su
comportamiento.
En primer lugar,
han existido importantes cambios demográficos que han
incidido en la estructura y comportamiento del mercado
laboral. El país ha experimentado un proceso rápido de
urbanización, pasando la población urbana de representar un
57,5% de la población total en 1992 a un 62,4% en 2001. En
estos últimos años es muy probable que esta tendencia haya
tendido a acentuarse. Al existir una mayor concentración de
la población en áreas urbanas, se hizo más necesario una
mayor creación de empleos urbanos, que al no materializarse
trajo como consecuencia una gran expansión del empleo en
actividades de baja productividad concentradas en los
sectores de servicios y comercio.
Segundo, la tasa
de participación de la población en el mercado laboral ha
tendido a incrementarse debido a que los hogares percibieron
la necesidad de que un mayor número de miembros consigan una
ocupación para incrementar los ingresos de las familias. En
el área urbana la Población Económicamente Activa paso de
50,5% de la población en edad de trabajar (PET) 1989 a 59,4%
en 2007. Esta tendencia también ejerció una mayor presión
sobre la demanda por empleos por parte de la población, lo
que también acentuó la tendencia hacia la informalización de
la economía.
Tercero, el
comportamiento del mercado laboral ha estado expuesto a los
ciclos por los que ha atravesado la economía boliviana.
Estos ciclos han estado caracterizados por profundas crisis
económicas (finales de los 70 y principios de los 80),
recuperación y crecimiento estable (segunda mitad de los 80
y casi toda la década de los 90); nuevamente crisis y
desaceleración económica (finales de los 90 y primera mitad
de los 2000) y recuperación económica (segunda mitad de los
2000). El comportamiento de las tasas de desempleo abierto y
de sub-empleo han reflejado estos ciclos, aumentando en
periodos de recesión y cayendo en periodos de mayor
crecimiento.
Cuarto,
las reformas estructurales ejecutadas a partir de 1985 y que
continuaron durante la década de los 90 y todo el proceso de
contra-reformas que se ejecutan a partir de 2006. Las
reformas estructurales promovieron una mayor participación
del sector privado en la economía y en la generación de
empleo. El empleo público fue racionalizado y la
capitalización traspasó al sector privado las empresas
públicas más grandes. Estas políticas promovieron una mayor
participación del sector privado en la generación de empleo.
Sin embargo, las inversiones que llegaron al país a partir
de las reformas estructurales, especialmente por las
reformas sectoriales ejecutadas dentro del programa de
capitalización, estuvieron dirigidas a sectores intensivos
en capital, con relativamente poco impacto sobre la creación
de empleo.
¿Cuáles son las
políticas necesarias para promover la creación de mayores
fuentes de trabajo de calidad?
Uno de los
problemas estructurales más importante que la economía
Boliviana no ha podido resolver y que ha sido la causa de
los insuficientes niveles de generación de empleo, bajos
niveles de productividad y de ingresos, y altos niveles de
informalidad, ha sido la baja tasa de inversión existente en
la economía. Las tasas de inversión se han mantenido en
promedio por debajo del 15% de PIB, lo que apenas ha servido
para reponer el capital depreciado y no ha permitido
incrementar la dotación de capital por trabajador, por lo
que los niveles de productividad han permanecido estancados.
Como se mencionó anteriormente, los flujos de inversión
resultantes del proceso de capitalización estuvieron
principalmente dirigidos a sectores intensivos en capital.
En este sentido, es fundamental crear las condiciones para
incrementar la tasa de inversión en sectores que permitan
absorber mano de obra, como es el caso de las manufacturas,
para lo cual será necesario fortalecer el clima de
inversión, garantizando la seguridad jurídica y cumplimiento
de los contratos, fortalecer la propiedad privada, mejorar
los servicios judiciales y públicos, etc.
También es
importante invertir en capital humano, fortaleciendo la
educación básica y la capacitación laboral. Un mayor nivel
de capital humano va a permitir incrementar la productividad
laboral y mejorar la capacidad de las personas para
insertarse en mejores condiciones al mercado laboral.
Finalmente, es
fundamental fortalecer la inserción internacional del país,
negociando el acceso para las exportaciones bolivianas a
mercados de exportación más grandes y con mayor poder de
compra. De esta forma, el país podrá diversificar sus
exportaciones y expandir aquellas que generan empleos de
mayor productividad. Para esto será necesario concretar
acuerdos comerciales, no solamente con Estados Unidos y
Unión Europea, sino con todos los países que representen
para el país una oportunidad para expandir nuestras
exportaciones.