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Indiscutiblemente, no hay nada peor para las perspectivas de
crecimiento a largo plazo que una baja movilidad social. Si no
existen posibilidades de avanzar en socialmente, la gente pobre
tiene pocas incentivos para trabajar duro y para invertir en
capital humano y físico. Inversamente, sin inversiones ni
trabajo duro, hay pocas esperanzas de mejorías. Esto es lo que
crea la trampa de pobreza.
Posiblemente,
solo hay una sola cosa que sea peor que una baja movilidad
social, esto es baja movilidad Y un alto grado de desigualdad.
Esta situación se refleja en un país con una amplia brecha entre
pobres y ricos, con pocas esperanzas de que algún día se
pueda cruzar esta brecha - situación injusta sin importar con
que estándares se la considera. Los resultados están sobretodo
determinados desde el nacimiento, por factores totalmente ajenos
al control del individuo, tanto que los esfuerzos e
inversiones subsecuentes tienen poco impacto.
Bolivia
ha sido hasta ahora un ejemplo clásico de baja movilidad social
y alto grado de desigualdad, un hecho que puede explicar porqué
la productividad laboral y los sueldos no han mejorado en
términos reales en los últimos 50 años.
Afortunadamente, la
movilidad social en Bolivia parece por fin estar mejorando. Aún mejor,
las fuerzas del cambio parecen venir desde el interior de la sociedad
en ves de ser impuestos desde afuera. Esto significa que Bolivia puede
encontrarse en un punto de inflexión en su historia, estando lista
para sacarle ventajas a los mejores niveles de educación y mejores
incitaciones. Esperemos solamente que la
Maldición del Gas Natural no arruine las perspectivas de
desarrollo del país.
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