Empleo: clasismo, política y exclusión

Sandra Villegas Taborga

El empleo en Bolivia es una tarea pendiente para el gobierno boliviano y los de varios países de América Latina. Su precariedad y escasez están dejando a millones de personas con salarios de miseria, sobreexplotación, hambre y pobreza debido a factores como la política, el clasismo y otras formas de exclusión.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 8 de los 17 firmados por los países miembros de la Organización de Naciones Unidas ONU) plantea como fin: “Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”.

¿Cómo hablar de justicia social si no se garantiza uno de los derechos más importantes para la calidad de vida de todo ser humano, sea mujer, adolescente, joven, adulto, adulto mayor u hombre? Ni qué decir de los millones de niños y niñas que trabajan junto a sus familias en los sembradíos, en la cosecha de caña (zafra), en las minas o en fábricas ilegales de confección de prendas en España, Argentina o Brasil.

En el último trimestre de 2023, Colombia tuvo una tasa de desocupación de 10,2%; en Perú esa tasa fue del 5,3%; en Venezuela del 40,3%. Adicionalmente, el desempleo en Chile se ubicó en 8,9% y en el 7,2% en Argentina.

En Bolivia, el informe del Instituto Nacional de Estadística (INE), al tercer trimestre del 2023, señala que la tasa de desempleo en Bolivia alcanzó el 3,6%. Sin embargo, datos del Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (Inesad) y la Central Obrera Departamental (COD), dan cuenta que sólo el 15% de los ocupados tiene una fuente de empleo formal, mientras que el restante 85% es parte del sector informal.

El Inesad (20/12/2023) afirma que los ocupados sin aguinaldo (trabajadores por cuenta propia e informales) en 2013 eran el 78,3% de la fuerza laboral, según información del INE; en 2020 la cifra creció a 86,2%, dejando entrever que ni siquiera 14 de cada 100 trabajadores en Bolivia están en el sector formal.

De las cifras a la percepción en las calles

Lo que se percibe en las calles es que existen pocas fuentes de empleo formal, lo que existe es mucho comercio informal, situación que repercute en la imposibilidad de poseer un salario digno, 8 horas de trabajo, derecho a servicios de salud y acceso a la educación.

Una familia de escasos recursos y sin seguro médico acudirá al yatiri (médico y curandero comunitario) antes que a un centro de salud. El Ministerio de Salud afirma que 6 millones de bolivianos y bolivianas están registrados al Sistema Único de Salud (SUS); no obstante, el INE (sitio web oficial) proyectó que Bolivia poseería 12.006.031 de habitantes para el 2022, cifra que duplica a la población que accede al servicio de salud gratuito.

Por otro lado, según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 2021) aproximadamente al 39% de las mujeres ocupadas son trabajadoras por cuenta propia, las cuales dependen en gran medida del autofinanciamiento debido a las barreras que enfrentan para acceder a recursos financieros formales.

Desafíos latentes

Algunas de las variables que impiden acceder a un empleo hoy en día son:

  1. La política: un puesto de trabajo en el sector público depende —y siempre lo ha hecho— de los “nexos políticos” con que la persona cuente que le permitan competir con los correligionarios del partido de gobierno de turno para acceder a un trabajo. El prebendalismo y el clientelismo no son nada nuevo en Bolivia y desafortunadamente son parte de la corrupción instaurada incluso desde épocas coloniales.
  2. El clasismo es el prejuicio y discriminación basados en la pertenencia o no a determinadas clases sociales. El tradicional clasismo era ejercido por la clase social alta a través de sus representantes ocupando espacios de poder a nivel político, económico y cultural. No obstante, hoy en día ciertos empleos suelen privilegiar — en su mayoría— a personas que provienen de colegios privados específicos; aunque este fenómeno también se aplica a los puestos de trabajo en el sector público que suelen estar vinculados a líderes de gremios de transportistas, mineros, fraternos de grupos de danzas (Gran Poder, Carnaval de Oruro o Santa Cruz), masones, dirigentes sindicales y diversos “grupos restringidos” a los que se accede incluso hereditariamente para proteger sus privilegios a toda costa (es el caso de instituciones como algunas cooperativas de teléfonos, universidades y entidades públicas) cuyos sindicatos tienen mucho poder en su área de acción delimitada.
  3. El deterioro de la economía debido a varios factores, entre ellos: la caída de reservas, la escasez de dólares y la venta ilegal de gasolina. Esas son señales visibles que ya repercuten en la especulación en el mercado paralelo de dólares, el cierre de fuentes laborales y la reducción de salarios, por ejemplo.
  4. Si a las variables previas se le añaden los prejuicios y estereotipos de género, edad (eres muy joven o muy viejo), condición de discapacidad u orientación sexual tenemos un panorama muy desalentador por lo inequitativo e injusto. Al momento de postular a un trabajo, el que tengas o no tengas profesión o experiencia es lo menos relevante.

Millones de bolivianas y bolivianos aún luchan por ganar un ingreso diario para sobrevivir, educar a sus hijos e hijas, cuidar su salud y tener una vida digna. Pero, al parecer pedimos mucho cuando la exclusión forma parte de muchas vidas que jamás conocerán los beneficios del desarrollo humano en el más amplio sentido.

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