Los tres tipos de mentiras

Más de una vez mi padre me dijo que existían tres tipos de mentiras: las grandes, las pequeñas y las estadísticas; parte de estas últimas son precisamente los datos que muchas veces deslumbran en las páginas de los informes que se presentan de forma pública para apoyar, o no, a ciertas posturas.

Recientemente una prestigiosa red de noticias anunciaba números importantes sobre nuestro crecimiento a nivel latinoamericano, indicando como titular que éramos el país que más crecimiento tenía en la región, a la par, un destacado profesional boliviano respondía con información más certera y puntualizaba de modo más hábil los errores y falencias del reportaje en cuestión; en ambos casos, las posturas dan lugar a un difícil análisis en el que podría decantarse tanto por lo bueno como por lo malo manejando siempre los datos estadísticos según la óptica que se persiga.

Sin embargo los datos numéricos deberían también reflejar la “otra realidad” en la que también vivimos, para ello tomo datos del trabajo de la Fundación Inesad que en su último reporte nos revela que en Bolivia casi 300 mil jóvenes entre 6 y 19 años de edad no asisten al colegio, que en 2015 únicamente la mitad de los hogares tenía acceso a una instalación mejorada de saneamiento, que 1 de cada 4 niños sufre de desnutrición crónica, que en Chuquisaca y Beni menos de la mitad de los hogares tiene acceso a energía eléctrica, que la mitad de las mujeres de 20 años ya tiene por lo menos un hijo, que más de 1,3 millones de personas botan toda su basura en la calle o en el río, que el 86% de los trabajadores no tiene seguro de salud ni aportes para su jubilación, que existen más de 500 mil personas adultas que nunca han ido a la escuela, que a la tasa actual de explotación nos quedan menos de 12 años de gas natural, que solamente el 10% de los hogares tiene Internet, que tenemos uno de los 50 vertederos abiertos de basura más grande del mundo (el de K’ara K’ara en Cochabamba), que deforestamos 3 veces más que Brasil y 44 veces más que el promedio mundial.

Quizás por eso es bueno contrastar la realidad contra las estadísticas, porque no todo lo que brilla es oro.

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