Precio del "Crudo" en
Bolivia
Por Mauricio Medinaceli*,
La Paz, 17 Marzo 2008.
El precio internacional del petróleo ya alcanza 111 US$/barril,
y se espera que el precio sigue subiendo por lo menos un año
más (1). Los altos precios motivan la inversión en el área petrolera y no
petrolera, por ejemplo, los biocombustibles. ¿Por qué menciono
los bio-combustibles? Porque semejante precio hace atractiva la
producción de energías alternativas, de hecho, no es
casualidad que en el mundo, aquellas tierras dedicadas a la
producción de alimentos ahora se dediquen a la producción de
energía.
Figura 1: Precios internos y
internacionales de petróleo

¿Qué sucede en Bolivia? En nuestro país el precio referencial
del petróleo está congelado en 27.1 US$/barril (ver Figura 1); si al mismo se
le resta la tarifa de transporte (aproximadamente 2 US$/barril) quedan, digamos,
25 US$/barril. Luego, si le restamos el
50% por los impuestos y regalías de la Ley de Hidrocarburos Nº
3058 y el 10% del Decreto Supremo llamado de
“Nacionalización”, queda el curioso precio (neto de regalías e
impuestos) de 10 US$/barril…sí, diez.
Esta situación nos afecta directamente porque Bolivia es un
país que se autoabastece en gas natural, pero (lastimosamente)
no lo hace en petróleo, por ello debemos importar diesel oil.
En este sentido, mientras las condiciones económicas en el
país no incentiven la exploración de campos petrolíferos, la
importación de diesel oil continuará incrementándose y, de
esta forma, el subsidio al diesel oil.
De
acuerdo a cálculos preliminares, el subsidio al diesel oil representa 1/3 de la recaudación
total por el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH),
afectando de sobremanera al Tesoro General de la Nación (TGN),
dado que dicha institución sólo recibe una parte (bien
pequeña) del IDH, pero financia la totalidad del subsidio.
El
precio tiene una única y principal obligación, dar la
información correcta, sobre la escasez del producto y los
costos de producción, para que de esta forma, tanto
consumidores como empresas, tomen la decisión correcta. Cuando
existe precios subsidiados, generalmente existe un exceso de
demanda que no tiende a solucionarse en el corto plazo, si a
ello se suma que los beneficiarios del producto en cuestión no
son, como generalmente sucede, los más pobres, entonces nos
encontramos en la peor situación posible, un elevado costo
fiscal que beneficia a los menos pobres.