¿Por qué no
crecemos igual que China?
By
Beatriz Muriel
Hernández*, La Paz, 3 December 2007.
Cuando se piensa comparar Bolivia con China, la divergencia
que se viene primero a la mente es la cantidad de bolivianos
versus la cantidad de chinos. En efecto, la población del país
representa cerca al 0.7% de la China. Sin embargo, el
crecimiento económico de las últimas décadas se expone como una
segunda diferencia significativa: durante 1978-2004, el
incremento del Producto Interno Bruto (PIB) per cápita
año de Bolivia fue de aproximadamente -0.15% en contraste con
China que registró una tasa de 8.3%; en 1978 el ingreso per
cápita del país representaba 4.7 veces el de China y ya en
2004 este nivel cayó a cerca de 0.6.
Existen varios factores políticos, sociales y culturales que
pueden explicar la fuerte expansión de la producción China; los
que marcan diferencias con la realidad boliviana. Sin embargo,
sin desmerecer la importancia de tales elementos, deseo
reflexionar sobre dos temas de orden económico que parecen
explicar en buena medida el contrastante crecimiento entre las
dos naciones: INVERSIÓN e INDUSTRIALIZACIÓN.
En Bolivia, la lectura inicial de las estrategias de
desarrollo expone a la inversión e industrialización como
factores importantes: Hasta 1985 se tuvo
la Estrategia de
Sustitución de Importaciones con el objetivo de expandir la
producción doméstica y atraer inversión extranjera directa
(IED); posteriormente se promovieron las llamadas “políticas
neoliberales” que buscaron dinamizar la producción industrial en
función a señales de mercado, atracción de IED y creación de
zonas francas. Sin embargo, al analizar la implementación de
tales estrategias se observa que en los hechos fueron las
omisiones de políticas, medidas y acciones efectivas hacia la
inversión e industrialización las mayores falencias e
insuficiencias de estos modelos de desarrollo.
La Estrategia de Sustitución de Importaciones no fue acompañada con una política
industrial integral y consistente, lo que limitó la creación de
las bases necesarias para la transformación productiva -
principalmente financieras y tecnológicas - y los intentos
estatales aislados por desarrollar actividades industriales
resultaron infructuosos en su mayoría. Un ejemplo concreto fue
el desempeño de la industria minera pesada que se quedó en la
fase de fundiciones.
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Las “políticas neoliberales” tampoco contemplaron una
estrategia de desarrollo industrial y, por el contrario, las
persistentes debilidades institucionales desfavorecieron la
industrialización del país. Los fuertes problemas de
la Aduana
Nacional son un ejemplo, provocando sistemáticamente altos
volúmenes de contrabando y, aún más importante, de evasión de
pagos de impuestos al consumo (valor agregado y consumo
específico) haciendo que, en los hechos, el Estado Boliviano
subsidie a los bienes extranjeros. La atracción de IED, por otro
lado, tuvo un relativo éxito; sin embargo, no se colmaron las
expectativas esperadas. Por un lado, estuvo concentrada en
sectores intensivos en capital – hidrocarburos, transporte,
telecomunicaciones y servicios básicos – con escasos
requerimientos de mano de obra e insumos intermedios nacionales.
Por otro lado, la falta de una estrategia industrial como
prioridad nacional llevó al desconocimiento de las necesidades y
limitaciones de la atracción de la IED al sector.
¿Cuáles fueron las estrategias de crecimiento en China?
(1)
Hasta 1978 China tenía un sector industrial bajo el poder del
Estado y cerrado a la competencia externa; que había sido
financiado por los trabajadores rurales (el 71% de la población
ocupada de entonces), no obstante, con resultados poco
satisfactorios. China entonces inició el cambio del modelo
económico donde la inversión e industrialización del país
jugaron un papel primordial; las reformas fueron implementadas
de manera gradual a medida que se obtenían resultados
satisfactorios en términos de desarrollo económico.
La apertura de China a
la IED comenzó
con el compromiso explícito del Estado de no nacionalizar o
expropiar los bienes de inversores extranjeros sin justa causa y
compensación, postulado que fue elevado a nivel constitucional
en 1982. Las políticas de promoción a la IED fueron
paulatinamente más favorables a los inversores y se
perfeccionaron en el tiempo en detalle, compromiso nacional y
transparencia. La IED estuvo inicialmente limitada a algunos
sectores en resguardo de impactos económicos negativos no
deseados; sin embargo, algunas ramas se abrieron posteriormente
(como distribución, transporte y finanzas). Otras ramas, como
las orientadas a exportación y tecnología avanzada fueron, por
el contrario, altamente incentivadas - con reducciones
impositivas, facilitación en el acceso a créditos, etc. La IED
fue también favorecida con la creación de zonas económicas
especiales para promover la apertura al comercio extranjero
aunque, al mismo tiempo, se preservaron los sistemas cerrados de
la economía China (hasta que el Estado estuviera seguro de cómo
reorganizarlos).
Las ventajas de China para atraer IED recaían en su mano de
obra barata - que dio origen al predominio de pequeños y
medianos inversores en diversas industrias como electrónicos,
productos de plástico y textiles – y su aprovechamiento fue
asegurado por el Estado mediante el establecimiento de diversos
costos para incentivar efectivamente la producción dentro del
país (como los contratos de producción fuera de fronteras).
Adicionalmente se privatizaron las pequeñas empresas
estatales y modernizaron las grandes empresas - con especial
atención a las industrias pesadas y de sustitución de
importaciones. Las principales medidas fueron: i) mejoras
tecnológicas; ii) acceso a crédito y colocaciones de divisas; ii)
reestructuración, corporativización y expansión – buscando
aprovechar economías de escala e integración vertical de la
producción.
En su conjunto, las reformas significaron la estructuración
de instituciones de mercado, la paulatina integración a la
economía mundial con un fuerte resguardo y apoyo a la industria
nacional y el rol pro-activo y efectivo del Estado mediante la
provisión de los diversos bienes públicos –normas, seguridad,
servicios, etc.- que generaron las bases adecuadas para el
crecimiento económico.
¿Cuáles son las principales diferencias entre Bolivia y
China?
La primera diferencia clave fue
la IED. La
literatura económica muestra que un elemento de relevancia para
la atracción de IED es la Location, que significa que las
multinacionales evalúan los beneficios versus los costos de
producir en un determinado lugar, teniendo la alternativa de
exportar al país en vez de producir en este. Los beneficios
pueden contemplar, por ejemplo, ventajas comparativas en el uso
de los factores de producción y ganancias en economías de escala
por el tamaño del mercado o posibilidades de exportación; y los
costos pueden estar asociados a costos de transacción,
aranceles, preferencias para la producción interna, etc.
Bajo este marco, se observa que la “Location” fue bien
trabajada en China por: i) las fuertes restricciones sobre las
importaciones que tuvieron principalmente hasta finales de los
años noventa (mientras era oportuno) acompañadas de los altos
costos de transacción; ii) los incentivos específicos a ciertas
multinacionales; y, iii) la promoción del uso de mano de obra
doméstica mediante la creación de zonas económicas especiales.
En el caso de Bolivia la “Location” fue exitosa en la
venta de las empresas estatales (con excepción de las de
transporte), ya que las principales producían bienes no-transables
y los hidrocarburos representaron una atractiva ventaja
comparativa. En las industrias de manufacturas, por el
contrario, la opción de exportar al país ha sido generalmente la
más ventajosa, por economías de escala, el fuerte contrabando y
los bajos aranceles y costos de transacción, entre otros.
¿Cuáles serían los beneficios de invertir entonces en Bolivia en
el sector industrial?; es aquí donde las buenas intenciones no
fueron suficientes para promover
la IED ya que
los determinantes y mecanismos no fueron evaluados y menos
considerados.
La segunda diferencia importante se relaciona con el
desarrollo industrial. La industrialización de la economía China
se constituyó en un desafío de prioridad nacional y los medios
quedaron en segundo plano. El país comunista vio oportuno abrir
y apoyar el capital externo siguiendo la lógica de los “medios
neoliberales”, mas, al mismo tiempo, fortaleció de manera
efectiva a sus empresas estatales más importantes. En Bolivia,
por el contrario, primaron más los medios que los fines,
adoptados de las tendencias mundiales y poco adaptados a la
realidad económica nacional.
¿Cuáles son las tendencias de crecimiento actuales?
La coyuntura actual externa – mayores demandas y precios de
los minerales y gas – que están favoreciendo la producción
boliviana probablemente durará por algún tiempo. Sin embargo,
aunque las intenciones del nuevo gobierno – establecidas en el
Plan Nacional de Desarrollo - son transformar, integrar y
diversificar la matriz productiva, buscando la industrialización
principalmente de los recursos naturales y aumentando el valor
agregado a sus exportaciones, así como fomentar
la IED (aunque
con menos liberalismo y mayores controles); tampoco se cuenta
con una estrategia industrial y de promoción de inversiones
consistente, coherente y acorde a las limitaciones y
restricciones nacionales - objetivos, políticas, programas,
acciones y perspectivas de resultados claramente definidas.
Quedan pendientes interrogantes importantes: ¿Cómo podremos
efectivamente industrializar al país?, ¿Cómo fomentaremos
efectivamente la IED al sector industrial?, ¿Y la inversión
doméstica?, ¿Cómo podremos aventajarnos de una mayor
participación del Estado en este contexto?.
China, por otro lado, en su lógica evolucionista,
experimental e incremental de reformas, tiene la visión de
convertirse en 20 años más en la primera potencia mundial, y los
modelos económicos, políticas y acciones estarán supeditados a
este fin supremo; probablemente con mucho éxito.
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en Bolivia
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(*) Associated Researcher, Institute for
Advanced Development Studies, La Paz, Bolivia. The author
happily receives comments at the following e-mail:
bmuriel@mpd.ucb.edu.bo.
(1)
Esta sección se basa en los documentos de Sachs, D. J. y Wing T.
Woo. “Understanding China’s Economic Performance”. National
Bureau Economic Research Working Paper 5935. 1997. pp. 60 y
Saheng Luang (2001) Luang, S. “FDI in China”. Harvard Business
School. 2001. pp. 19.
Ó
Institute for Advanced Development Studies 2006.
The opinions expressed in this newsletter are those of the
author and do not necessarily coincide with those of the Institute.
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