ECONOMÍA DE BOLSILLO Comercio internacional y crecimiento

Por: Joshua Bellott Sáenz – M. Sc.

Continuando con la orientación de esta serie de artículos sobre comercio internacional y crecimiento, quiero manifestar una preocupación latente por parte de los economistas, respecto a la coyuntura actual.

Un boletín recientemente publicado por el Inesad, realiza un análisis acerca de una posible crisis de Balanza de Pagos, que es un registro de todas las transacciones monetarias entre un país y el resto del mundo en un periodo dado, siendo una de sus principales cuentas, los pagos que se realizan por importaciones y exportaciones. La importancia de este registro y el comportamiento de algunos indicadores que lo componen, recae en su relación con algunas variables macroeconómicas que configuran la posibilidad de mayor crecimiento y desarrollo de una economía.

En una coyuntura como la actual, en la que los ingresos del Estado son menores que sus gastos (déficit fiscal), las importaciones superiores a las exportaciones (déficit en Balanza Comercial), los niveles de deuda crecientes, y un régimen de tipo de cambio fijo (no varía el tipo de cambio nominal), la posibilidad de una crisis está más vigente que en años anteriores, ya que estos indicadores al parecer tienen ya una tendencia definida.

Lo cierto es que países como el nuestro que han mantenido con éxito un tipo de cambio fijo se han preocupado de generar un aumento en la productividad, especialmente en las empresas dedicadas a la exportación, como una manera de compensar los efectos de una apreciación cambiaria.

Para aclarar la última afirmación, señalamos que Bolivia ya durante varios años no depreció el tipo de cambio nominal, lo que determinó que nuestra moneda se encuentre apreciada respecto a las monedas de nuestros vecinos (tipo de cambio real), por este hecho es que empezamos a importar más, perdiendo competitividad en nuestras exportaciones.

Lo que también queda claro es que el gobierno tiene como prioridad favorecer la inversión y el gasto en las empresas públicas de sectores productivos. Para el 2016 este crédito alcanzó a un 7,8 % del PIB, con lo que supera incluso al crédito que recibía el gobierno central antes del 2006 (Inesad, 2018), con el problema adicional de que casi todas estas empresas son deficientes y se encuentran con pérdidas acumuladas. El Banco Central ya les prestó 5 mil millones de dólares de los cuales sólo pagaron el 12%.

Por tanto, debemos preguntarnos si el gobierno insistirá con una política fiscal expansiva y un tipo de cambio fijo, o tratará ajustar algunos indicadores clave de la economía, para no tener problemas posteriores.

Por otra parte, sabemos que una fuente de financiación de estos déficits ha sido el aumento desproporcionado de la deuda externa y una disminución importante de las reservas internacionales netas. Las reservas el 2014 llegaron a un monto máximo de 103 mil millones de bolivianos para luego descender a menos de 70 mil millones en 2017 y 2018; y por otro lado, la relación de la deuda sobre el PIB, en 2005 alcanzaba al 51,8 %, pero para en 2009 gracias al “perdonazo” de nuestros acreedores llegó a un 14,9 % del PIB. Sin embargo, en los últimos años aumentó la deuda y este indicador podría estar por encima del 40 % en términos reales.

Se efectivicen o no algunas medidas por parte del gobierno, lo que preocupa a cada uno de los bolivianos es que no hay empleo, no existe un aumento en la producción y por lo tanto, tampoco inversión en nuevas empresas. Asimismo y como es de conocimiento general, la economía boliviana ha estado dependiendo de la exportación de materias primas, y de hecho, si hace unos años el 80% de las exportaciones eran materias primas, hace un año nos enteramos que este porcentaje había aumentado a más del 90 %.

En este sentido, por lo menos podríamos esperar que si dependemos casi íntegramente de las materias primas, las mismas deberían estar en auge, dado que vivimos varios años con altos precios, y por lo tanto, podíamos haber invertido suficientemente en pro del crecimiento y la sostenibilidad. Lo cierto es que, por ejemplo en el sector minero, existió un mayor crecimiento del valor de las exportaciones en relación al aumento de la cantidad producida.

Entre 2005 y 2017 las exportaciones nacionales de minerales y derivados, en valor crecieron en casi 6 veces (5,8), mientras que la cantidad sólo creció en 1,8 veces. Se debe enfatizar que el crecimiento en doce años es de todas maneras muy pobre.

Continuando con el análisis del sector minero, el cuadro siguiente muestra que más de la mitad de las exportaciones mineras son minerales en bruto. Son 5 los principales productos de exportación minera que representan el 91% del total. Dos conclusiones son importantes sólo analizando el gráfico. No hay diversificación de las exportaciones y éstas en gran medida son materias primas con una casi nula transformación.

En el caso de la economía departamental (Oruro), el crecimiento del valor de las exportaciones fue más que el doble respecto del crecimiento de la cantidad producida de minerales en el mismo periodo de tiempo. Asimismo, queremos resaltar tres características importantes.

El 75 % de las exportaciones de Oruro son: mineral de zinc (68 % del total), mineral de plata (7 %) y estaño metálico (7 %). Por lo tanto, más del 75 % de nuestras exportaciones son materias primas.

Las exportaciones de estaño metálico al 2017 respecto al año 2005, redujeron en por lo menos 3 mil toneladas, lo cual significa que la nacionalización de Huanuni y Vinto fue un fracaso.

Las manufacturas de oro metálico y plata metálica disminuyeron abruptamente en cantidad y en valor, lo que contribuye a la reprimarización de la economía orureña (ver el siguiente cuadro). Se debe anotar además, que Oruro cuenta con una de las pocas plantas de fundición de plata, la misma que se ve amenazada de muerte (como se puede verificar por los datos), debido a que ciudadanos chinos se llevan la materia prima, pagando un mejor precio y dejando sin materia prima a la planta. Sin lugar a dudas este es un desastre promovido por las políticas del actual gobierno.

Como corolario de lo manifestado ha sta esta parte, debe quedar claro que cualquier salida o cambio de política; ya sea en medio de una posible crisis o antes de ella, lo cierto es que lo único que promoverá un crecimiento real y sostenible son los aumentos en la producción, y por lo tanto la existencia de empresas eficientes. No podemos seguir permitiendo que el Estado despilfarre el dinero de los bolivianos en inversiones absurdas, solventando empresas que ni mercado tienen.

Al parecer el gobierno promueve la competencia desleal que afecta al escaso grupo empresarial boliviano o de nuestra región. En Oruro se anunció la inauguración de una empresa estatal de cemento ubicada en Caracollo, la misma que generará empleo para 300 personas, mientras se recibió la mala noticia de que la empresa de cemento de Oruro (Emisa), que incluso es parte de nuestra tradición e historia, prácticamente será cerrada.

La oferta de cemento anual subió desde hace dos años y es capaz de cubrir la demanda interna, por lo que el mercado está copado, pese a los esfuerzos del gobierno por deteriorar dicha industria. Primero que Viacha no podía funcionar adecuadamente por la falta de gas (problema muy común en varias empresas estos días), y segundo, que el principal importador de cemento peruano es el mismo gobierno. La Empresa Estatal de Insumos Bolivia en 2016 importó más de un millón de bolsas. Consecuencia del casi nulo incentivo a las empresas, no solo cierra Emisa como fábrica, sino que la misma estatal Fancesa se encuentra con problemas muy delicados.

Por último, debemos preguntarnos todos los bolivianos: ¿Por qué el gobierno promueve la inversión en empresas estatales ineficientes, deficitarias y enfermas de corrupción? ¿Por qué no se piensa en ese gran porcentaje de la población que vive en la economía subterránea, que con seguridad en Oruro llegan a más de 140 mil personas? ¿Por qué no se promueve la micro empresa y un empleo digno? Queda claro que el Estado no puede dar empleo a todos los bolivianos y no puede producir en todos los rubros, menos sabiendo lo ineficientes que son las empresas estatales. Si seguimos en este camino, tengan la seguridad que se avecina una crisis cambiaria y del comercio internacional, una vuelta a la dolarización de la economía, inflación, déficit fiscal sin control, pérdida de reservas internacionales y deuda externa, todo esto acompañado de desempleo y un sector productivo que no tendrá capacidad de reacción y seguirá sin estar a la altura del más alto reto y anhelo de los orureños y los bolivianos: el desarrollo.

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