Tasas de interés bajas: ¿estrategia para el crecimiento?

La Billetera
Por: Alejandro Zegada

Aunque muchos así lo quisieran, y a pesar de que los números tienen mucho que ver, la economía no es una ciencia exacta, objetiva ni apolítica. Así lo demuestra, entre muchas otras cosas, el debate sobre el rol y los efectos de las tasas de interés en el crecimiento económico: un hecho, distintas interpretaciones.

Se ha podido distinguir al menos dos grandes bandos. Por un lado, quienes creen que las tasas de interés y la asignación del crédito deben dejarse al juego del libre mercado, y por otro, quienes consideran que intervenir sobre estos factores puede ser útil para lograr objetivos económicos específicos.

Según ha encontrado el economista e investigador senior del Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (INESAD), Luis Carlos Jemio, “existe una correlación negativa significativa entre las tasas de interés activas reales, en moneda nacional”. Es decir, “durante los periodos donde las tasas de interés activas permanecieron altas, se tuvo menores tasas de crecimiento del PIB”, mientras que, al contrario, “cuando las tasas de interés cayeron, la economía alcanzó una mayor dinámica”.

Si bien el experto afirma que “no se puede concluir que las variaciones en las tasas de interés fueron el factor determinante del crecimiento del PIB, ya que hubo muchos otros factores que incidieron en el crecimiento”, también reconoce que “es muy probable que las bajas tasas de interés observadas durante el periodo de bonanza económica, hayan contribuido a estimular la demanda agregada”, que tiene incidencia en el crecimiento.

Regulación de intereses, ¿peligro o virtud?
Desde el lado más liberal argumentan que “cuando los bancos centrales mantienen las tasas de interés en un nivel inferior al que el mercado establecería, y además lo hacen por un período demasiado largo e incluso indeterminado de tiempo, estimulan el consumo (o el adelanto del consumo futuro) a cambio de disminuir su renta futura”.

Así lo afirma el economista Mauricio Ríos García, y agrega que, “cuando los bancos centrales fijan un máximo nivel de las tasas de interés, muestran a los inversionistas que la economía consta de mayor ahorro disponible del que realmente existe, enviando la señal equivocada a los empresarios de que todo nuevo negocio puede ser emprendido por muy alocado y riesgoso que pareciera, y que además muestra un retorno contable que de otra manera no sería posible”.

El problema de esto es que se emprende proyectos sin demanda real, “que no son demandados, que nadie necesita y que, por tanto, generan pérdida y destruyen capital”, explica.
Sin embargo, hay académicos que observan que este tipo de mala asignación de los recursos se relacionan más bien con la falta de regulación a los bancos y a sus políticas crediticias. Uno de ellos es el Jefe de Investigación del Instituto para la Innovación y el Propósito Público de la University College London (UCL), Josh Ryan-Collins, quien en sus investigaciones ha encontrado que la ausencia de regulación a los bancos genera un aumento de “inversión” en mercados de activos especulativos y no así en empresas productivas.

Junto con él, los economistas holandeses Dirk Bezemer, Lu Zhang y Frank van Lerven, aseguran que “la liberalización de los mercados crediticios y la eliminación del direccionamiento del crédito, están significativamente asociados con una menor proporción de préstamos hacia empresas no financieras”.

Intereses y crecimiento, la correlación
¿Quién tiene razón? Una posible respuesta se da a través de la recopilación de datos históricos en Bolivia, realizada por Jemio. En su análisis, que comprende el periodo 2000-2018, recuenta que a principios de los 2000, las tasas de interés en moneda nacional se encontraban en niveles “muy altos”: las activas por encima del 20% y las pasivas sobre el 6%.
“Durante este periodo, la economía se encontraba atravesando una situación de desaceleración económica, caracterizado por un elevado déficit fiscal, crisis financiera y bajas tasa de crecimiento del PIB”, explica.

En los años siguientes, y hasta septiembre 2008, las tasas de interés experimentaron un continuo descenso, hasta llegar en septiembre 2008 a niveles negativos de -1,04% en el caso de las tasas activas en moneda nacional, y a -7,80% en el caso de las tasas pasivas. Durante este periodo el crecimiento trimestral del PIB experimentó una recuperación. En septiembre 2008, la tasa de crecimiento interanual del PIB (de septiembre a septiembre) llegó a ser de 7,06%.

La crisis financiera internacional de finales de 2008 “tuvo el efecto de aumentar las tasas de interés internas, por la caída transitoria de ingresos y ahorro que esta generó en la economía”, que duró hasta finales de 2010. Durante este periodo, el crecimiento trimestral de la actividad económica se desaceleró, hasta niveles por debajo de 4%.

A partir de 2011, las tasas de interés en Bolivia vuelven a bajar y el crecimiento económico vuelve a repuntar. “Finalmente, con la caída de los precios de las materias primas a partir de 2015, las tasas de interés domésticas han mostrado una tendencia al alza, lo cual también ha coincidido con una tendencia a la baja de las tasas de crecimiento del PIB”.

El tema parece ser no de extremos, sino de cuidadoso equilibrio y constante supervisión para hacer los cambios de manera estratégica, en los momentos adecuados. El riesgo actual es que en Bolivia las tasas de interés estén direccionando el crédito hacia sectores especulativos, y no a una producción que satisfaga una demanda real, como debiera ser.

Te puede interesar

Exportación de materias primas provoca “modesta” generación de empleos

Ecos de Tarija: Por: Alejandro Zegarra El “boom” de las exportaciones, durante 2005-2014, ha creado …

Facebook

Twitter

LinkedId