Superar la crisis requiere ante todo unión y amor al país

Por: Monica Briançon Messinger

Luego del 20/O Bolivia ha dado un giro en su vida política y económica. Urgen las reformas en este último campo, porque las cifras que se manejaron durante casi una década y media no han sido las más claras ni las mejores.

Este 2020 los bolivianos tienen una nueva prueba de fuego: sacudirse del tsunami político que arrojó el 20/O y disponerse a levantar urgente, ladrillo a ladrillo, el curso de la economía, empuñando la bandera de la unión y acrecentando la pasión por consumir lo “Made in Bolivia”, tal como lo proponen empresarios, economistas y creativos, entre otros.

El ministro de Economía y Finanzas de Bolivia, José Luis Parada, reveló a fines de noviembre que el país ya vivía una desaceleración económica hace cinco años.

Hizo esta afirmación basado en la caída de los ingresos por la venta gas a Brasil y Argentina, por cuanto no descartó la necesidad de un pacto fiscal, aunque no en este gobierno transitorio.

“Hemos visto una desaceleración desde 2014 y, lastimosamente, el gobierno (anterior) pensó que seguíamos viviendo en bonanza. Entonces se está haciendo el análisis de esa tendencia, de esa desaceleración que hemos tenido desde el anterior gobierno”, declaró Parada.

370 instituciones públicas sufrirán los efectos inmediatos de la reducción de ingresos para el país, entre ellas las universidades, gobernaciones y municipios por concepto del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH). Afirmó que el anterior gobierno traspasó competencias sin recursos logrando un desequilibrio en el IDH.

Timadores económicos

En agosto de este año LIBRE EMPRESA señalaba que la desaceleración de la economía, los altos costos laborales, el contrabando y la informalidad eran los principales enemigos que atacaban al aparato productivo industrial boliviano; a éstos se añadían la excesiva burocracia, la tramitología y la asfixia impositiva, aspectos que urgen un nuevo tratamiento.

Ante este panorama, el presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, Luis Barbery, sostiene que “como sector empresarial ya son varios años que venimos argumentado que el Modelo Económico Plural requiere de mejoras importantes. Sabemos que el período de bonanza permitió crecimiento y una mejora en el ingreso/consumo. Lamentablemente el ciclo de auge acabó y el aparato productivo del país, en particular la industria, no creció significativamente, tampoco se diversificó”.

Asimismo, la Cámara Nacional de Industrias (CNI) informaba que “en 2016 el PIB industrial registró una tasa de crecimiento de 6,2%, en 2017 descendió a 3,3% y se estima que en 2018 continuó la tendencia de desaceleración del crecimiento industrial entre 3% a 3,5%. A diciembre de 2018 la balanza comercial del sector industrial manufacturero reflejó un déficit de $us 1.472 millones, superior en 12,9% a similar periodo de 2017, lo cual confirma el incremento de las importaciones industriales y la caída de las exportaciones industriales con sello Hecho en Bolivia”.

Por otro lado, la Federación de Entidades Empresariales Privadas de Cochabamba (FEPC), plantea algunas soluciones mediante su plan de dinamización de la economía, con énfasis en Cochabamba, y su bajo dinamismo económico, pero bien se puede extender a todo el país. Criterio similar comparte la CEPB cuando subraya que la prioridad central es estabilizar el contexto macroeconómico, dinamizar sectores capaces de aportar divisas y cerrar gradualmente los desbalances fiscal y comercial que enfrenta el país.

Análisis

El subgerente del Centro Boliviano de Estudios Económicos (Cebec), Pablo Mendieta Ossio, dependiente de la Cámara de Industria, Comercio y Servicios de Santa Cruz (Cainco), indica que Bolivia ha experimentado un “tsunami político, pero también económico”.

“Estamos en una transición hacia un nuevo gobierno democráticamente elegido; y, de igual forma, ya sentimos con fuerza un cambio de ciclo en lo económico y dos razones explican esta nueva etapa económica. La primera es la irrupción de la desaceleración boliviana en medio de una recesión latinoamericana. Crecimos apenas 3,1% en el primer semestre por una caída importante de los hidrocarburos (20% en similar período), mientras que Latinoamérica retrocederá este año 0,6% caracterizada por las caídas de Venezuela, Argentina y Ecuador, además del magro comportamiento del resto de los países de la región”, señala Mendieta Ossio.

En el caso boliviano —continúa el subgerente— la desaceleración también se explica por el agotamiento de una visión de desarrollo enfocada en el sector público. En estos tres quinquenios la participación del Estado subió considerablemente de 21% en 2005 a su punto máximo de 44% en 2014. Desde entonces, el PIB público se estancó en $us 14 mil millones, mientras que el PIB privado subió de $us 17 mil a $us 27 mil millones.

La segunda razón tiene que ver con los efectos económicos del “terremoto político” que experimentó Bolivia. Los conflictos implicaron $us 1.000 millones menos de actividad económica y explican por qué el crecimiento de este año cerraría en torno al 2%, la más baja desde inicios de este siglo.

Junto con este análisis, viene el del exministro de Hacienda, Javier Cuevas, quien en el libro Hacia un Nuevo Contrato Social, rememora que “el problema empieza desde 2014; hace un quinquenio que estamos entrando al agotamiento del modelo y es probable que entremos a un nuevo modelo donde la inversión privada sea lo primordial y sea el factor de desarrollo del país”.

En ese mismo documento, Cuevas, junto con los otros autores, Luis Carlos Jemio y Henry Oporto, observan que el modelo se ha basado principalmente en la explotación y exportación de materias primas de sectores extractivos, como minería e hidrocarburos, viviendo episodios típicos de la “enfermedad holandesa”, que justamente son los que experimentó la economía boliviana en los periodos 1971-1977 y 2006-2014.

“No hay duda de que el resultado de una estrategia de crecimiento basada únicamente en materias primas de sectores extractivos es una economía poco diversificada y altamente vulnerable a los shocks externos, en la que la mayoría de la población ocupada se emplea en sectores de no-transables de baja productividad e ingresos, y con elevados índices de pobreza”, indican rotundamente.

Salir de la crisis

Frente a esta realidad los tres piden la identificación de factores alternativos de crecimiento y desarrollo para modificar ese patrón de crecimiento, reenfocándolo y vinculándolo estrechamente con el crecimiento de los sectores productores de bienes transables exportadores, diferentes a los sectores extractivos, como son la agroindustria, las manufacturas y los servicios con valor agregado.

Agregan que estos sectores, siendo intensivos en mano de obra, tienen la ventaja de crear empleos de mayor calidad e ingresos, a lo que se añade el acceso competitivo a los mercados externos que permitiría alcanzar economías de escala que no son posibles de lograr si la producción se destina únicamente al mercado interno.

Hecho en Bolivia

La manufactura boliviana, que desde hace 18 años ostenta el sello “Hecho en Bolivia”, aunque no en todos los productos, requiere de una recuperación en cuanto al valor otorgado y percibido por los consumidores.

El jefe creativo de la agencia McCann Erickson, Amples Regiani, manifiesta que si tuviera que enviar un único mensaje para alentar al consumo de los productos hechos en Bolivia “diría que el que no consume lo hecho en Bolivia es un tonto”.

Justifica esa respuesta resaltando lo siguiente: “pero si pudiera decir todo lo que pienso a los que no lo hacen, diría que mientras te haces el ‘top’ por irte de vacaciones a Punta Cana sin conocer tu propio país, hay un japonés volando 34 horas para ver si el Salar realmente existe. La misma historia se repite con todo lo que se hace acá”.

Prosigue y dice: “mientras te mueres por comprar un bolsito ‘made in Taiwan’, una diseñadora de moda en París se inspira en el diseño del aguayo y del pallay para crear su nueva colección que será portada de la revista Vogue. En Italia aplauden un helado de achachairú y en las pasarelas de Canadá la ropa de diseñadores locales, en Estados Unidos la última película de Rodrigo Bellot y en las mejores cocinas del mundo la quinua real. La lista de aplausos sigue y sigue pasando desde lo creado por arquitectos, escritores y poetas hasta la carne, soya, sal y papas. Por Dios, hasta autos eléctricos ya hacemos en Cochabamba. Todo esto en contra corriente y a puro pulmón”.

Pregunta: ¿te imaginas todo lo que podría hacerse en Bolivia si estuviéramos tan orgullosos de lo nuestro como están los gringos de lo producido en Estados Unidos?

Luego analiza a profundidad y comenta que cuando priorizamos los productos y servicios “Made in Bolivia”, no solamente estamos comprando algo verdaderamente bueno de lo cual deberíamos sentirnos orgullosos, sino también estamos contribuyendo a que un boliviano alimente a su familia, a que otro pague la universidad de su hija, que otro financie una casa o un auto, que otro consiga su primer trabajo y pide que se tenga en mente que cada vez que se deje de comprar algo producido en Bolivia para comprar lo de afuera, estás literalmente perdiendo una oportunidad de mejorar el país, tú país.

A estas palabras se une la mirada profunda de Henry Medina, gerente general de la agencia Ogilvy y ganador, junto con su agencia, del galardón internacional más difícil y prestigioso del mundo, el Lápiz de Oro del festival D&AD.

Este gerente dice que el eslogan Consume lo nuestro no le gusta porque le suena muy chauvinista, excluyente, dictatorial y que en cambio una campaña que fomente el consumo de lo hecho en Bolivia debe ser muy estudiado desde los ámbitos antropológico, psicológico y sociológico.

“Pero vamos por partes, como dijo el descuartizador ¿Para quién es? Producto, marca, audiencia, competencia, necesitaría ver packaging, pricing, y más que conminar, yo prefiero persuadir. Se debe crear una campaña macro de orgullo nacional y luego entregar ‘insignias’ a los productos nacionales como ‘embajadores’ de marca, funcionaría mejor. Pero es a largo plazo”, advierte Medina.

Añade que, en el corto, sólo te queda hacer el “Consume lo nuestro”, que podría ser más suave con un “Apoya lo nuestro” porque es más sutil.

Además de estos criterios, en el corto plazo, el subgerente Mendieta exterioriza que se requieren medidas urgentes para la reactivación como la inyección de liquidez al sistema financiero y a toda la economía en general, liberación de las exportaciones y medidas de promoción del consumo interno como el esquema de la billetera móvil para el aguinaldo y la agilización de la inversión pública.

De igual forma, insiste, será importante medidas sectoriales que puedan reactivar sectores como el de hidrocarburos con mayor producción de líquidos, eliminación de gravámenes a línea blanca y negra, facilidades para el sector telecomunicaciones, creación de zonas económicas, entre otros.

Otra propuesta

Para el subgerente del Cebec existen al menos tres líneas de acción para reflotar la economía nacional, estas son la productividad, institucionalidad y estabilidad.

La acción referida a la productividad involucra el inicio de una reforma consensuada y global al sistema educativo de tal forma que pueda proveer habilidades y competencias en lugar de sólo conocimiento, otorgar un mayor énfasis en las alianzas público-privadas como un medio para más infraestructura y bienes y servicios públicos “y, no menos importante, una serie de medidas en el mercado laboral que puedan favorecer la creación de empleo en una era tan dinámica como la nuestra”, indica Mendieta.

En cuanto a la institucionalidad pasa por mejorar la gobernanza de las empresas públicas estratégicas, utilizar criterios amplios de rentabilidad social para la inversión pública y diseñar una estrategia agresiva de simplificación de trámites para las operaciones de las empresas.

Respecto a la estabilidad, ésta comprende una reforma financiera acorde al siglo XXI, previa remoción gradual del criterio heterodoxo de la política financiera, atracción de la inversión extranjera y una importante reingeniería fiscal para reducir las filtraciones del gasto y transferencias.

Para el exministro de Hacienda se hace necesario que el gobierno, los empresarios y la sociedad puedan llegar a un acuerdo para dinamizar la economía y tener una mayor flexibilidad en las leyes laborales, tener menor presión no en el pago de los impuestos, sino en la forma en que se hace el pago de los tributos.

El asesor económico de la CEPB, Rubén Ferrufino, pide dinamizar las exportaciones no tradicionales, y con igual urgencia, asegurar el sector hidrocarburos y las ventas de gas, que son sustento de corto plazo de reservas de divisas y pilar del tipo de cambio.

Plan de dinamización

El pasado año la FEPC trabajó en un plan de dinamización de la economía regional (PDER), que bien podría aplicarse en todo el país.

Este PDER tiene tres componentes: dinamización de redes multiactorales, dinamización de negocios y la dinamización de aspectos institucionales y normativos.

La dinamización de redes multiactorales consiste en mejorar el clima organizacional y de negocios, además de promover alianzas estratégicas y conformar un territorio con eficiencia en los servicios de desarrollo empresarial, con miras a crear una plataforma competitiva, traduciéndose en la creación y mejora de sus sectores económicos.

El componente de dinamización de negocios promueve la creación de escenarios y mecanismos para fomentar la ampliación y apertura de mercados en la internacionalización de los sectores productivos a través de la dotación o mejoramiento de los servicios de gestión comercial y empresarial hacia el mercado internacional, promoviendo el acceso de mercados de compras estatales para los sectores económicos identificados por la FEPC.

Con relación al componente de dinamización de aspectos institucionales y normativos, éste trabaja en realizar mejoras en las normas y leyes para simplificar procesos de trámites, flexibilización y adecuación, promoviendo y fomentando mejores posibilidades a los sectores económicos que desempeñan sus actividades en el territorio nacional.

Industria boliviana

El sector industrial boliviano necesita reactivarse, por ello la CNI ha trabajado en 27 políticas que hacen tanto a la macroeconomía como a las respuestas específicas que requiere la industria nacional y el alineamiento de las políticas comercial y laboral.

Propone propulsar un salto del 16% a más del 20% en el PIB industrial entre 2020 y 2030. Explica que se trata de una propuesta “dual” de política industrial donde las empresas grandes, medianas y pequeñas asuman el reto del desarrollo en un escenario de formulación de diez políticas neutrales o generales, ocho políticas selectivas o sectoriales y nueve políticas de alineamiento comercial y laboral. Pide acordar la no intervención de empresas estatales en sectores y áreas en los que la empresa privada es más eficiente. Además, apuesta por reponer el Ministerio de Industria para impulsar el desarrollo de la manufactura.

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