Más de 2,83 millones de personas no acceden a alimentos en las ciudades

Por: Pablo Ortiz

Así lo muestra un estudio de la doctora en economía Beatriz Muriel. Los bonos han amortiguado la caída, pero se requerirán medidas fuertes tras el levantamiento de la cuarentena para revertir esta situación.

Foto: Fuad Landívar.

Las ollas comunes, las colas nocturnas de personas que retan al coronavirus para cobrar su bono, la súplica de madres que piden ayuda para seguir alimentando a sus hijos son un síntoma de lo que sucede actualmente con la economía boliviana. Un estudio de la doctora en Economía Beatriz Muriel, cifra en 2,83 millones de personas las que al día de hoy carecen del dinero suficiente para comprar una canasta básica de alimentos y eso solo en las áreas urbanas del país, donde comer todos los días depende del salario o la ganancia diaria.

La pobreza en Bolivia no es una novedad. Antes que la pandemia global pisara suelo patrio, Muriel calcula que ya había 571.000 personas que no accedían a una canasta mínima de alimentos (hasta 2019, una familia de cuatro personas necesitaba Bs 623,6 por semana solo para alimentos, según el economista José Gabriel Espinoza).

Muriel, PHD en Economía por la Pontifica Universidad Católica de Río de Janeiro, ex analista fiscal en jefe de la Red de Análisis Fiscal del Ministerio de Economía, basó su análisis en la Encuesta en Hogares de 2018, la última base de datos oficial de Bolivia, y dividió a la sociedad boliviana en cuatro grupos según sus promedios de ingresos, que varían entre los Bs 2.506 y los Bs 4.235.

En el primer cuadril, el 83,6% ya era pobre antes de la pandemia y el 23% era extremadamente pobre. Además, a menos ingresos más personas dependen de ese salario (cuatro a uno, es la relación entre hogares de bajos ingresos y el sector ingresos altos). El porcentaje jefes de hogar ocupados no asalariados (trabajadores por cuenta propia) es alto en todos los cuartiles. Varían del 63% en los hogares de menores ingresos, al 44,7% en el cuartil de ingresos altos.

Hasta el 15 de abril, todo eso significaba que, en los hogares del cuartil más bajo, los ingresos habían caído a menos de la mitad y en los cuartiles de ingresos altos se había reducido un tercio. De no ser por los bonos Familia y Canasta Familiar, estos datos se hubieran traducido en aún mayor número de personas en situación de precariedad alimentaria, pero los Bs 500 y 400 de los ‘coronabonos’, amortiguó esa caída sobre todos en los hogares más pobres. El estudio no toma en cuenta el bono Universal ni el pago a los alumnos de colegios privados, porque no se ha hecho efectivo hasta la fecha.

Así, el resultado de la cuarentena es aproximadamente 2,3 millones de nuevas personas en situación de pobreza extrema coyuntural. Esto el 63,9% de los hogares que ganan alrededor del sueldo mínimo nacional (más de un millón de nuevos pobres extremos, más 570.000 que ya habían), un 38,7% de la clase media baja (849.000 aproximadamente), un 19% de la clase media típica (alrededor de 358.000) e incluso el 2% de los hogares que tenían ingresos altos (unas 27.000 personas).

Las medidas

Pablo Rossell, economista con especialidad en administración pública, plantea medidas antes del levantamiento de la cuarentena que alivien a este sector de la población. Lo primero es hacer llegar todos los bonos de manera urgente. Considera que en bonos hay una serie de obstáculos logísticos que impiden que la población beneficiaria los pueda cobrar. Plantea, para una parte de este grupo, habilitar la billetera móvil con la que se pagó el segundo aguinaldo en 2018 y recurrir a su entrega a través de los militares. Una vez solucionado el problema del desembolso del efectivo, lo siguiente es ampliar proporcionalmente los bonos en la medida que se amplía la cuarentena.

En un escenario regional en el que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha anunciado que la contracción económica por el coronavirus será peor que la de la Gran Depresión (-5,3%) y que habrá 29 millones de nuevos pobres, de los cuales 16 millones será pobres extremos (que no tienen lo suficiente para cubrir sus necesidades alimentarias), ¿cuántos de estos nuevos pobres extremos coyunturales lograrán salir de esta situación en Bolivia? Se le consultó sobre este escenario a José Luis Parada, ministro de Economía, a Carlos Schlink, viceministro del Tesoro y Crédito Público, pero no se obtuvo respuesta.

Entre los economistas, hay posiciones variables sobre lo que sucederá y sobre lo que se debe hacer después de la cuarentena. Muriel explica que la pobreza disminuyó de manera importante durante la bonanza de precios internacionales y se estancó durante la desaceleración, entre 2014 y 2016. Esto se debe a que el 90% de los ingresos del hogar provienen de fuentes laborales y el coronavirus agravará esta situación. “En las zonas urbanas, donde los trabajos han sido más afectados, está la población de trabajadores por cuenta propia que corresponde al 69% de los ocupados, 2,4 millones de personas de una total de 3,4 millones (de acuerdo a la última encuesta de hogares, 2018)”, explica.

A esa situación, Muriel añade que la cuarentena solo explica, en parte, los problemas económicos del país. Dice que el shock del coronavirus ha implicado, por un lado, la reducción del consumo de bienes y servicios antes, durante y después de la cuarentena. Cuando la medida se levante se deberá ver qué restricciones quedan y cómo afectará en el consumo de la población. Añade a esto la reducción del Producto Interno Bruto, cuya contracción será del 3,6%, según estimaciones del Banco Mundial. “Esto conducirá a mayor desempleo y menores ingresos; que se sumarán a la caída del consumo interno”, describe Muriel.

Es por eso el economista José Alberti habla de cuidar el empleo, como la primera medida que se deberá asumir. Pide al Gobierno políticas potentes dirigidas y segmentadas a las empresas formales e informales. Ahí está uno de los principales, problemas, qué plantea: cómo llegar con medidas al sector informal de la economía de forma casi inmediata.

El Ejecutivo ha anunciado créditos para pagar salarios y para reactivar a la pequeña y media industria, pero esto no llega a las informales. Por eso, según el economista Espinoza, el gran objetivo a mediano y largo plazo debe ser formalizar. Él cree que buena parte de estos millones de bolivianos que sufren un “estrés de ingresos” no se quedarán por debajo de la línea de la extrema pobreza una vez puedan volver a su actividad económica. Para cambiar eso, plantea mucho más barata la formalidad, que los últimos años se volvió cara, con una carga impositiva alta y un calvario de trámites.

En épocas de crisis extrema, Keynes y su teoría de intervención estatal en la economía en tiempos de crisis, parece ser la mejor respuesta. Así lo cree Waldo López, economista y académico, que teme que la pobreza en Bolivia pueda escalar hasta el 50% de su población una vez pase la crisis del coronavirus. Coincide en que hay que dar la mano al sector informal incentivándolo a la formalidad a través de un microcrédito fácil, apertura de mercados y libertad de asociación para cumplir contratos mayores.

Al cuidado del empleo suma el cuidado de la estabilidad económica, porque no hay mejor fabricante de pobres que una subida de precios. Plantea no tocar el tipo de cambio ni utilizar las reservas internacionales. Para generar más empleo, recurre a Keynes y la inversión pública que genere más fuentes de trabajo, como la construcción de infraestructura. Para ello, propone endeudarse más, con $us 3.000 millones. Pese a que lamenta que el déficit fiscal sea el 7,7%, asegura que Bolivia tiene condiciones para endeudarse más.

Sin embargo, antes de eso, el Estado deberá hacerse cargo de los sectores a los que la reapertura de las actividades no les alcance para subsistir por encima de la línea de la extrema pobreza. Rossell estima que pueden pasar hasta tres años hasta que se reactive la economía y plantea prolongar las transferencias directas de manera focalizada (Eirude puede proporcionar una buena base de datos). Coincide con López en un plan de empleos de emergencia focalizado en infraestructura urbana y el salvataje de las pequeñas industrias.

Para Alberti, lo primero es volver a hacer girar la rueda del empleo, levantando la cuarentena de forma inteligente y ordenada. “Sin trabajo y sin actividad laboral vamos a estar muertos todos”, advirtió.

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