El COVID-19 baja los ingresos laborales y provoca que algunos hogares de las familias de clase media vuelvan a ser pobres. Una investigadora plantea impulsar el desarrollo productivo para reducir la pobreza en la sociedad a nivel de beneficios y bienestar.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) calcula que unos 45 millones de personas caerán de la clase media a la pobreza en Latinoamérica y el Caribe, la región más desigual del mundo, debido al coronavirus. Además, proyecta que este 2020 la pobreza se incrementará en un 7%.

En el caso de Bolivia, desde el año 2015 se tenía previsto que la disminución de la pobreza monetaria iba a “ralentizarse y posiblemente aumentar”.

No obstante, el escenario COVID- 19 está bajando aún más los ingresos laborales, así como de los hogares, por tanto se incrementa la pobreza, analiza en entrevista con La Razón la Directora Ejecutiva del Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (Inesad), Beatriz Muriel.

La ONU anticipa que a raíz de la pandemia la tasa de pobreza en la región subirá un 7% en 2020, un aumento de 45 millones de personas, con lo cual la cifra total de pobreza y extrema pobreza aumentará a 230 millones (37,2% de la población). Además, prevé que la extrema pobreza crecerá 4,5%, unos 28 millones de personas, para afectar en total a 96 millones (15,5% de la población) que están “en riesgo de hambre”.

El organismo también prevé que el desempleo aumentará de 8,1% registrado el año pasado a 13,5%, con lo cual la región pasaría a tener este año más de 44 millones de desempleados, unos 18 millones más que en 2019.

“Algunos hogares bolivianos volverán a ser pobres pero no todos, ya que los cambios de la pobreza monetaria no fueron solamente cíclicos sino también estructurales” en los últimos años en el país, indica la investigadora.

Agrega que Bolivia se encuentra en un periodo delicado en términos económicos, no solo por el virus sino también porque se expusieron “grandes debilidades” en términos de desarrollo económico en las últimas dos décadas.

“Lamentablemente en la época de bonanza económica no se promovió un desarrollo productivo que genere mayores niveles de productividad e ingresos laborales que conduzca a una reducción de la pobreza, desde un enfoque estructural y de largo plazo”.

Ante ese panorama, Muriel considera importante que las autoridades de gobierno lleven adelante acciones para impulsar el desarrollo productivo a través de políticas y financiamiento.

“Es importante repensar cómo efectivamente se puede promover un desarrollo productivo que sea beneficioso para toda la sociedad en términos de ingresos y bienestar”, comenta.

Según el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, a raíz de la pandemia, la brecha entre ricos y pobres se agrietará aún más, sobre todo en los países más grandes, Brasil y México.

El representante también afirma que los niveles de desigualdad son “insostenibles” y que “para reconstruir es necesario transformar el modelo de desarrollo de América Latina y el Caribe”.

INGRESOS: De acuerdo al análisis de Muriel, “los ingresos laborales representan cerca del 90% de los ingresos del hogar, los cuales son utilizados para medir el porcentaje de pobreza”.

A su vez, los ingresos laborales tuvieron un comportamiento que acompañó el periodo de bonanza; derivado de los altos precios de las materias primas (2004-2014); los cuales aumentaron pero después disminuyeron con la desaceleración económica.

“En este marco, es lógico inferir que los ingresos del hogar han estado también cayendo y, desde aquí, la pobreza aumentando”, reitera Beatriz Muriel.

EFECTOS:

1 Pobreza. La ONU anticipa que por la pandemia la tasa de pobreza subirá un 7% en 2020 y que ésta afectará al 37,2% de la población.

2 Hambre. La extrema pobreza crecerá 4,5%, provocando que un total de 96 millones estén en riesgo de hambre (15,5% de la población de la región).

3 Inseguridad. CEPAL y FAO estiman también inseguridad alimentaria severa en América Latina, considerando que entre 2016 y 2018 ya había 53,7 millones de personas afectadas.