¿Cómo está afectando el coronavirus al sistema económico?

Página Siete

Por: Beatriz Muriel H.

Desde una perspectiva macroeconómica se ha mencionado que el coronavirus, acompañado de las medidas de aislamiento a nivel mundial, ha provocado tanto un shock de oferta como de demanda. Sin embargo, dadas sus varias repercusiones microeconómicas –demanda y oferta de diversos bienes y servicios y quiebra de las interacciones de los agentes en la mayoría de los mercados– cabe resumir el efecto como un “colapso del sistema económico”. De hecho, en el periodo de mayor aislamiento en Bolivia, abril-mayo, la tasa de crecimiento del Índice Global de la Actividad Económica (IGAE) –publicada por el Instituto Nacional de Estadística– cayó 20% con relación a abril-mayo del año anterior.

El shock de oferta devino de las diversas políticas que limitaron tanto las ventas de varios bienes y servicios dentro del país –con el cierre de los servicios turísticos, de recreación, restaurantes, shoppings, etc., etc.– como con el resto del mundo, restringiendo las exportaciones. Durante abril-mayo, estas últimas ventas cayeron en 60% con relación al similar periodo del año anterior. Además, la misma producción fue afectada por la prohibición de la movilidad de una buena parte de las personas a sus puestos de trabajo y por las dificultades en la compra de insumos, entre varios otros.

El shock de demanda resultó directamente de la inamovilidad de la población para poder obtener los diferentes bienes y servicios; a no ser lo básico, como alimentos y medicamentos. De hecho, la cuarentena estricta provocó una quiebra en el mecanismo de compraventa –es decir, los mercados–. Además, el consumo de muchos trabajadores independientes que “viven al día” también fue afectado de manera inmediata por la reducción de sus ingresos laborales. Cabe recordar que el IGAE representa también la demanda agregada y, como dato, las importaciones cayeron 60% en abril-mayo, como en el caso de las exportaciones.

La buena noticia es que el “ataque cardiaco” sufrido por la economía ya pasó; a no ser que la tasa de contagio suba aceleradamente haciendo que se vuelvan a tomar medidas drásticas de aislamiento, lo cual parece poco probable. La mala noticia es que –como cualquier paciente que sufrió un ataque de esa índole–  existe un proceso de recuperación; aún más porque la crisis sanitaria no ha acabado y continúa afectando a la economía.

De hecho, la recuperación será lenta y volátil; con dinámicas particulares entre los diferentes agentes económicos. Por un lado, las empresas y las instituciones están retomando, poco a poco, sus actividades; aunque en este proceso muchas de ellas están con varias dificultades para sobrevivir y otras están cerrando –o ya cerraron– por la caída de las ventas. Inclusive algunos rubros, como el turismo y las actividades de recreación, solamente podrán recuperarse cuando alguna de las vacunas prometedoras finalmente tenga luz verde y sea suministrada a la población.

Por otro lado, muchas familias han visto reducidos sus recursos económicos, los cuales tendrán también una recuperación lenta. Los trabajadores independientes como los cuentapropistas están volviendo, poco a poco, a retomar sus actividades. Sin embargo, aquellos dependientes están experimentando un efecto rezago de la cuarentena rígida; con la imposibilidad de seguir en sus fuentes laborales, dadas las dificultades de las empresas, en algunos casos y con peores condiciones laborales en otros. Otras familias también han percibido menores remesas provenientes del exterior y caídas de rentas por concepto de alquileres, entre otros.

Los ahorros de las familias y las empresas y las políticas públicas implementadas desde abril han mitigado, sin duda, la caída de la producción y el consumo. En este escenario, sin embargo, nuevamente se presenta un efecto negativo del coronavirus sobre la economía menos percibido, el cual está asociado al costo de oportunidad; es decir, por ejemplo, los ahorros privados podrían haber sido destinados a mayor inversión y los recursos del gobierno a promover una mayor calidad educacional.

Beatriz Muriel H., es Ph.D., Directora Ejecutiva de Inesad.

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