
Según reveló el podcast Noticias de América de Radio Francia Internacional, la crisis económica en Bolivia se profundiza con impactos directos en la población. En La Paz, cientos de personas esperan desde la madrugada para conseguir alimentos básicos. La escasez y la inflación generaron una combinación explosiva en los mercados populares.
Desde 2015, Bolivia experimenta un déficit estructural agravado por la caída de exportaciones de gas. La falta de dólares redujo las reservas del Banco Central, que se agotaron en 2023. El organismo continuó financiando el gasto público sin respaldo suficiente.
“Hay un crecimiento de la emisión muy grande y eso está generando presiones inflacionarias”, explicó el exministro de Hacienda Luis Carlos Jemio. Las autoridades no lograron sostener las importaciones de hidrocarburos sin divisas disponibles. El impacto se reflejó en las góndolas vacías y la paralización de varios sectores.
A esta situación se suma la presión social encabezada por sectores afines a Evo Morales. Con cortes de ruta en el centro del país, impiden el paso de camiones con alimentos. Los mercados del occidente boliviano quedaron desabastecidos por los bloqueos.
El índice de inflación alcanzó el 18,4% interanual, el más alto desde 2008. Los precios suben todos los días y los sueldos se devalúan con rapidez. Los analistas advierten que el contexto actual es peor que el de principios de los 2000.
“Hay que reducir el déficit fiscal. Lo que más está contribuyendo a ese déficit es el subsidio a los carburantes”, insistió Jemio. Sin embargo, advirtió que retirar ese subsidio tendría un alto costo social. La tensión política complica cualquier decisión estructural.
INESAD