La crisis del oro y el desafío de la liquidez externa en Bolivia

El Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo INESAD, presentó el boletín «Pulso al Sector Externo», una publicación de «ADÁMAS Económico» que evalúa la situación financiera de Bolivia. Elaborado por Javier Aliaga L., Beatriz Muriel H. y Ronaldo Terrazas M., el documento expone el contraste entre la alta concentración de reservas en metales preciosos y la severa falta de disponibilidad de divisas en el país.

El análisis macroeconómico establece que «el oro tiene un nivel razonable en términos del PIB y representa el 79,8 % de las RIN». Sin embargo, la acumulación de este activo no garantiza solvencia operativa inmediata, ya que el país «no tiene una posición externa sólida y las reservas líquidas apenas cubren 0,8 meses de importaciones, uno de los niveles más bajos a nivel global». Esta estrechez ubica el índice de adecuación del Fondo Monetario Internacional en una posición crítica, pues «alcanza apenas el 38,2 %, muy por debajo del rango orientativo de adecuación del 100 % al 150 %».

Pese a este escenario de vulnerabilidad, las dinámicas del comercio exterior ofrecen un margen de maniobra. El reporte detalla que «las mayores exportaciones bolivianas, principalmente minerales, están mejorando las cuentas externas». Durante el primer semestre de 2026, la balanza comercial logró un superávit acumulado de 669,3 millones de dólares, un saldo positivo que «hubiera sido mayor en ausencia de los bloqueos» que afectaron al país durante algo más de 50 días en los meses de mayo y junio.

El impulso de este superávit obedece a los precios en el mercado internacional. Al evaluar la variación anual hasta el primer trimestre de 2026, «el valor unitario del wólfram presenta un salto extraordinario, con un crecimiento del 326,2 %», tendencia a la que se suman «los mayores precios de la plata y el oro». Esta apreciación minera ayuda a mitigar la contracción del sector de hidrocarburos, donde «los indicadores del gas natural se deterioran en el tiempo».

Los investigadores concluyen que el actual auge en la cotización de los minerales abre «una ventana de oportunidades para bajar la volatilidad cambiaria, después de la reciente crisis de moneda». De cara al segundo semestre de 2026, el informe proyecta que «los precios de los minerales seguirán más altos que en 2025, por factores de demanda, oferta y geopolítica», delineando un horizonte donde la gestión de este flujo de capital será determinante para la estabilidad económica nacional.

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