BOLIVIA PADECE DE MACROECONOMÍA, NO DE SOCIALISMO: NOAH SMITH

Bolivia es uno de los países más exitosos, al momento de definirse como “socialista” (los países nórdicos usualmente evitan la etiqueta). Cuando Evo Morales fue elegido presidente en 2006, explícitamente repudió el capitalismo y alineó al país con la Venezuela de Chávez y la Cuba de Castro. Desde entonces, Morales ha redistribuido el ingreso entre varios programas del gobierno, ha elevado sustancialmente el salario mínimo y nacionalizado las industrias de telecomunicaciones, petróleo y electricidad.

Para decepción de los detractores del socialismo, la estrategia funcionó. Aún cuando Venezuela se sumió en una ruina financiera, Bolivia inició un periodo inigualable de rápido crecimiento:

Para 2017, Bolivia era un país 42 por ciento más rico que cuando Morales asumió la presidencia. No obstante, para el boliviano promedio, los resultados son aún mejores: el coeficiente Gini del país -una medida que refleja la desigualdad del ingreso- cayó en más de 19 por ciento desde que Morales se posesionó. La pobreza ha disminuido en 25 por ciento desde que fue elegido. Aunque Morales ha mostrado tendencias autoritarias preocupantes, como extender los límites de los términos presidenciales, a nivel económico parece haber logrado dar un giro al país.

No obstante, el éxito de Bolivia podría no ser duradero. El país está en riesgo de ser víctima de una fuerza que atormenta a las economías socialistas y capitalistas por igual: la macroeconomía.

Éste es el argumento de la nueva disertación de los economistas Timothy Kehoe. Carlos Gustavo Machicado, y José Peres-Cajías. Revelan dos hecho perturbadores sobre Bolivia. En primer lugar, desde 2008 su tasa de cambio ha estado atada de manera efectiva al dólar estadounidense:

Esto podría desencadenar una crisis monetaria si Bolivia no toma precauciones.

Para mantener una moneda atada al dólar, el gobierno debe comprar y vender activos denominados en dólares. Cuando hay una presión para que el dólar se fortalezca, y por ende para que la moneda local se debilite, el gobierno debe vender los activos en dólares y luego cambiar esos dólares por moneda local (en este caso, el boliviano). Si en algún momento se agotan los activos en dólares en Bolivia, no lograrán parar la depreciación del boliviano, lo que generaría una rápida caída del valor de la moneda.

Aún no se están agotando las reservas de moneda extranjera en Bolivia. Ha acumulado reservas desde el inicio del mandato de Morales hasta finales de 2014, cuando la tendencia tuvo una reversión:

Las reservas ahora están a la mitad en comparación con el punto más alto. Aún no es una zona de peligro pero si la tendencia continúa, las cosas se tornan preocupantes.

Una caída monetaria es un escenario aterrador para Bolivia debido a su creciente deuda externa. Aunque Bolivia no haya solicitado aún tantos préstamos como lo hicieron otros países en los años 1980 (relativo al tamaño de su economía), el monto que el gobierno boliviano debe en moneda extranjera se ha casi que quintuplicado desde 2007. El total de la deuda externa del país ha subido aproximadamente en 30 por ciento:

Si Bolivia se viera obligada a abandonar la garantía con el dólar y cayera el valor del boliviano, esta deuda en moneda extranjera podría tornarse muy costosa. Bolivia tendría entonces que escoger entre dos alternativas desastrosas: un incumplimiento soberano, o una hiperinflación al estilo venezolano. El incumplimiento sería probablemente menos perjudicial en el largo plazo pero en el corto pondría fin a la prosperidad económica de Morales.

¿Qué podría presionar tanto a la baja el boliviano para que se agotaran las reservas internacionales del gobierno? Una caída del precio del producto básico. Aunque Bolivia goza de mayor diversidad que la dependencia de Venezuela frente al petróleo, aún depende de productos básicos en la mayoría de sus exportaciones. El gas y el zinc son los productos más representativos. La disminución de estos precios es probablemente la razón por la que Bolivia ha perdido reservas desde 2014. Si estos precios no se recuperan y Bolivia no anticipa que debe reducir su deuda externa y ajustar su moneda a la baja, podría sucumbir ante la fatalidad de los mercados emergentes que dependen de los recursos: se detendría repentinamente la inversión privada, luego la relación de cambio de la moneda se vería afectada, el gobierno entraría en incumplimiento y terminaría en una profunda recesión.

En otras palabras, existen fuerzas económicas que ningún sistema, sea socialista o capitalista, puede superar. La limitación fundamental de Bolivia es que su economía depende de la explotación de recursos naturales y no de la industria. Las economías dependientes de los recursos tienden a dispersar la riqueza, lo que usualmente es algo bueno. Pero cuando el pueblo se acostumbra a un cierto nivel de vida, los gobiernos generalmente responden al tratar de sobrevalorar la moneda para lograr costear muchos bienes importados. Esto puede predisponer a los países para la caída, que es lo que pasa. Este aspecto de las dificultades politico-económicas tiende a afligir a los países que exportan recursos, lo que se llama la maldición de los recursos.

Así las cosas, a menos que los precios de los productos básicos den un giro, el país socialista más exitoso del mundo podría estar en peligro. Los oponentes del socialismo muy seguramente cantarán victoria en caso de que Bolivia colapse. No obstante, la verdadera causa serán las leyes de acero de la macroeconomía.

Nota Original: Bolivia’s Problem Is Macroeconomics, Not Socialism: Noah Smith

Reportero en la nota original: Noah Smith en New York, nsmith150@bloomberg.net

Editor responsable de la nota original: James Greiff, jgreiff@bloomberg.net

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