Bolivia, más pobre: las familias se descapitalizan en la crisis

Por: Romina Saavedra
Ante la imposibilidad de generar ingresos, los bolivianos agotan sus activos. El 37.2% de la población, que está dentro de la pobreza, podrá verse afectado.
Foto: Una persona de escasos recursos, en Cochabamba (Dico Solís).

La dificultad que atraviesa la población boliviana para llevar adelante sus actividades productivas y, en consecuencia, satisfacer sus necesidades de consumo incide en una suerte de “descapitalización” al interior de las familias. Es decir, aquellos núcleos familiares que medianamente pueden plantarle cara a la crisis disponen de sus ahorros para el día a día. Aquellos que no cuentan con estos dineros, tienen que recurrir a sus herramientas, equipos o vehículos para afrontar el momento.

El economista Gabriel Espinoza alerta que esto devendrá en un severo golpe dentro de sus economías y, por ende, también en los índices de pobreza, que podrán engrosarse en los siguientes años. El país expone un 37.2% de pobreza moderada y un 12.9% de pobreza extrema, de acuerdo con datos oficiales actualizados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

El comienzo de la cuarentena, marcado por decreto presidencial el 22 de marzo pasado debido a la pandemia por el nuevo coronavirus, significó un período extendido de casi un semestre en el que las actividades productivas se vieron frenadas.

No tardaron en aparecer historias graficando, por ejemplo, a deportistas golpeados por la situación crítica, tomando apenas los primeros tres meses del confinamiento. El boxeador Sergio Alcócer, parte de la delegación nacional que compitió en los Juegos Suramericanos Cochabamba 2018, tuvo que dejar de lado sus clases regulares como entrenador para ofrecerse como repartidor de pedidos por delivery, montado en una bicicleta, a falta de moto.

Espinoza advierte que se está produciendo el fenómeno mediante el que las familias utilizan sus activos. Los perjuicios podrán visibilizarse desde 2021. “Eso está amortiguando la caída en el consumo de las familias, pero, obviamente, habrá un impacto muy fuerte en los últimos años porque se están descapitalizando. En la medida en que no cuenten con capital, la recuperación, el poder generar actividades que les permita volver a reconstruirse y lograr ingresos sostenibles se tornará mucho más difícil. El efecto, si esto se sigue alargando en el tiempo, va a ser muy fuerte y se notará en 2021 o 2022”.

El especialista prevé que la problemática estructural se encuentra ahora expuesta. El desbarajuste causado por la crisis sanitaria repercutió en su manifestación. Así, Espinoza grafica que se han repuntado las falencias no atendidas. El sector poblacional pobre se verá afectado debido al carácter “presencial” de sus trabajos, que usualmente se encuadran en la relación directa con el consumidor.

“La nueva normalidad que vayamos a enfrentar una vez superada la crisis sanitaria será bastante dura, sobre todo para los segmentos más pobres, que tienen empleos que requieren carácter presencial, vinculados a largos desplazamientos entre el hogar y el lugar de trabajo. Todo esto se va a retraer. Muchas de estas actividades tenderán a ser digitalizadas. Gran parte de la ocupación de este segmento probablemente se vaya perdiendo. Tendremos años bastante complejos en cuanto a índices de pobreza”.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), por su lado, ha previsto que la pobreza extrema en Bolivia alcanzará el 16.8% para fines de esta temporada, lo que se traduciría en un incremento de cuatro puntos, considerando el 12.9% de habitantes en condición de extrema pobreza que contempla el INE (1.4 millones de bolivianos viven en esta situación, de un total de 11.5 millones de ciudadanos).

La propuesta que exterioriza el economista es que, como parte de políticas públicas, se fortalezcan las redes de protección hacia el trabajador y se actualice la normativa conforme a sus necesidades, sujetas con el presente. “En el nuevo mercado laboral, los nuevos trabajadores probablemente no vayan a requerir empleo de tiempo completo. Hoy, el empleador quiere trabajar desde su casa o con cierta flexibilidad. Adaptar la normativa es urgente”.

Por su parte, la directora ejecutiva del Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (Inesad), Beatriz Muriel, avizora que la pobreza se instalará en algunas familias, no obstante, esto no será generalizado. Ante esto, considera esencial la implementación de políticas públicas y financiamiento.

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