
El Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (INESAD) presentó recientemente el documento de trabajo “Análisis de coyuntura: Precio del petróleo, subsidio a los combustibles y vulnerabilidad macroeconómica en Bolivia”, elaborado por los investigadores Javier Aliaga Lordemann y Arjun C. Bhattacharyya. El estudio advierte que la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán plantea una seria amenaza para la estabilidad fiscal y monetaria del país debido a la dependencia de la importación de combustibles refinados.
En una entrevista para Último Minuto sobre el documento, Javier Aliaga explica que la economía boliviana enfrenta un escenario complejo donde el alza internacional del crudo no solo eleva el costo de importación, sino que actúa como un multiplicador de presión sobre el tipo de cambio.
El informe modela cuatro rutas posibles basadas en la duración y severidad del conflicto:
Escenario Severo: Persistencia del shock con el crudo Brent entre 110–115 USD en el segundo trimestre, generando una fuerte presión cambiaria y disrupción energética.
Escenario de Estrés: Precios de 104–106 USD con tensiones sostenidas durante varios meses y una corrección gradual hacia fin de año.
Base Persistente: El shock no escala pero se prolonga moderadamente, con el Brent ajustándose lentamente entre 92 y 101 USD.
Disipación Rápida: El escenario más benigno, donde el conflicto se resuelve en seis semanas y los precios retornan a niveles de 92–95 USD.
Aliaga señala que, aunque el Gobierno realizó una nivelación previa de subsidios, un shock externo de esta magnitud erosiona rápidamente los avances logrados. «Bolivia no sufre solo un oil shock, sino un shock de productos refinados», afirmó el investigador, destacando que el país importa el 90% del diésel y el 60% de la gasolina.
El estudio identifica un canal de transmisión crítico: el canal cambiario. Al subir el precio internacional, aumenta la demanda de dólares para la importación. Si el tipo de cambio efectivo sube (proyectado entre 10 y 11 Bs/USD en escenarios de estrés), el costo de la gasolina en bolivianos se dispara. «Es un círculo vicioso: más subsidio genera más demanda de dólares, lo que presiona el tipo de cambio, eleva la paridad de importación y vuelve a inflar el subsidio», explicó Aliaga.
Mientras el precio interno de la gasolina permanece congelado por decreto en 6,96 Bs/l hasta junio, el costo real de reposición (paridad de importación) podría escalar de los 8,68 Bs/l registrados en febrero hasta los 15 Bs/l si el conflicto se intensifica. Esto implicaría que el subsidio mensual podría alcanzar entre 90 y 140 millones de USD en los escenarios más duros.
Sobre la intención estatal de importar crudo para refinar localmente, el análisis advierte sobre limitaciones técnicas. Actualmente, las refinerías nacionales operan al 30% de su capacidad. Además, el mercado de crudo requiere pagos al contado (spot), lo que exigiría una disponibilidad inmediata de divisas que presionaría aún más las reservas internacionales.
Hacia junio de 2026, el Gobierno enfrentará una decisión política crucial: permitir que los precios internos converjan con la cotización internacional o asumir un costo fiscal que podría volverse insostenible, afectando el déficit, la deuda y el riesgo país.
El documento concluye que el impacto inicial del conflicto ya se está «pre-incorporando» en el mercado cambiario boliviano antes incluso de que el costo físico de los combustibles se refleje plenamente en las cuentas del Estado.
El estudio completo está disponible para su consulta y descarga aquí.
La Fundación INESAD, Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo, es el principal centro de investigación privado y sin fines de lucro con sede en La Paz, Bolivia.
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