Conflicto en Medio Oriente podría reabrir subsidio y aumentar el tipo de cambio en Bolivia

Un nuevo análisis sobre el conflicto entre Estados Unidos e Irán advierte que sus efectos no se limitan al aumento en el precio internacional del petróleo. Para Bolivia, el riesgo es mayor porque el choque externo también encarece la refinación, la logística y el acceso a divisas, en un contexto de alta dependencia de importaciones de diésel y gasolinas. El estudio muestra que un problema inicialmente energético puede transformarse rápidamente en un problema fiscal, cambiario y macrofinanciero.

El documento aplica a Bolivia un modelo para evaluar como el aumento del precio del crudo y de la refinación se transmite a la economía boliviana. La idea es que cuando sube el costo de importar combustibles y además faltan dólares, se amplía la brecha entre el precio económico y el precio regulado, obligando al gobierno a absorber una mayor parte del costo, actualmente el precio está regulado, pero de mantenerse el conflicto en el tiempo, llegaremos a esta situación.

El estudio distingue además entre dos regímenes del shock. En el primero, donde domina una prima geopolítica y logística, suben el crudo, los fletes, los seguros y los refinados, pero todavía no hay una ruptura física severa de la oferta. En el segundo, de carácter físico-persistente, el problema deja de ser sólo de precios y expectativas y pasa a afectar la producción, la infraestructura, rutas, inventarios y flujos efectivos de suministro. Ese cambio de régimen es clave, porque vuelve más lenta y costosa la normalización del mercado y eleva también los riesgos macrofinancieros.

El análisis trabaja con cuatro escenarios: severo, estrés, base persistente y disipación rápida. Estos escenarios representan distintas combinaciones de intensidad y duración del choque externo. En todos aparece una secuencia similar, un deterioro inicial, mayor tensión por la rigidez de precios internos y una corrección parcial en el segundo semestre. La diferencia decisiva no es sólo cuánto sube el petróleo, sino cuánto tiempo dura el choque y si éste permanece en el régimen financiero-logístico o migra hacia uno de oferta efectiva y mayores cuellos de botella en refinación.

Para el caso de la gasolina, los resultados muestran que la paridad de importación podría aumentar entre 13% (escenario de rápido alivio del conflicto) y 60%, mientras el subsidio mensual podría subir entre 67% y más de 100%, según el escenario. En diésel, que constituye la principal fuente de vulnerabilidad, la paridad puede aumentar cerca de 53% en el escenario más severo, pero el país importa el 90% de este combustible.

La principal conclusión es que para Bolivia el riesgo no depende sólo del precio del petróleo, sino de la interacción entre subsidios, restricción externa y rigidez de precios internos. Mientras el conflicto se mantenga en un régimen de prima geopolítica y fricción logística, los costos ya son altos; si además pasa a afectar infraestructura y oferta efectiva, el contexto se vuelve mucho más riesgoso, tanto energético como financiero.

Autores: El estudio fue elaborado por Javier Aliaga Lordemann, investigador senior asociado a INESAD, y Arjun D. Bhattacharyya, experto en el mercado petrolero del CEEI.

Documento completo: https://wp.me/p9wqBX-4Yu

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